De "La Gastronomía de José Soler".
Caballa y cabracho.
Pescados de Mar y de Agua Dulce.
J. I. A. Soler Díaz
Octubre de 2012
También llamada
visol, makarel,
macarela, sarda,
xarda, verta,
escombro, etc. El nombre en latín de la
caballa común o
del
Atlántico, la caballa más
conocida en nuestro país, es Scomber scombrus. La
isla de Escombreras es una pequeña isla
española que se sitúa en la entrada de la bahía de
Cartagena (Región
de Murcia) y del puerto de
Escombreras. Tiene 4
hectáreas
de superficie escarpada y pedregosa. Cuenta con un pequeño embarcadero, una
playa y alguna vieja construcción. Es rica en hallazgos
arqueológicos, entre ellos los restos de un templo griego en honor a
Heracles (por eso se conocía en esa época como
la isla de Heracles). También se encontraron restos de fabricación de
salazones y de actividad industrial
de la época romana. Es posible que en ella se fabricara
garum,
como indican esos restos y el propio
topónimo
de la isla (del latín Scombraria, de Scomber 'tipo de
pescado
identificado con la
caballa', con cuyas entrañas se fabricaba
esa repugnante salsa). También se
encontraron restos
fenicios y una
necrópolis
romana. Ha sido declarada
Espacio
Natural Protegido.
La caballa común o especie Scomber scombrus Linnaeus, 1758, pertenece al orden de los Perciformes, a la familia biológica Scombridae, y al género Scomber. Dentro del género Scomber, también, se clasifican las especies Scomber australasicus, Scomber colias y el Scomber japonicus (en España, vulgarmente llamado: verdel o estornino). Estas especies no se deben confundir, ya que es fácil, con el chicharro, jurel o escribano (Trachurus trachurus) que es una especie de pez perciforme de la familia Carangidae, un pez azul distribuido ampliamente por el Atlántico norte, desde Senegal hasta Islandia, y por todo el Mediterráneo.
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| Scomber scombrus o caballa | Scomber australasicus o caballa pintoja | Scomber colias | Scomber japonicus o verdel |
La caballa común es un pescado azul (con su aleta caudal en forma de 'tijera'; el pescado blanco la tiene en forma de 'abanico') y de agua salada. Es muy apreciado por su sabor y por la consistencia de su carne. Al igual que el atún (Thunnus thynnus), el bonito del norte (Thunnus alalunga) y el bonito del sur (Sarda sarda), la caballa pertenece a la familia biológica de los Escómbridos.
La caballa es muy abundante en las aguas del océano Atlántico Oriental, desde las Islas Británicas hasta las costas del norte de África; así como en el Atlántico Occidental, en concreto en las costas de Estados Unidos y Canadá. Es un pescado que también abunda en las aguas del mar Mediterráneo y del mar Negro. Se alimenta de otros peces de menor tamaño, crustáceos y moluscos. Durante el invierno, la caballa permanece en el fondo del mar sin alimentarse; en tiempos invernales la caballa permanece a unos 170 a 250 m de profundidad, pero cuando se acerca el buen tiempo de los meses de primavera, suelen agruparse en bancos muy numerosos y subir a la superficie. Una hembra puede poner entre 200.000 y 400.000 huevos que eclosionan a los pocos días. Durante el invierno prácticamente no come, y en primavera sube a la superficie y empieza a alimentarse, primero de zooplancton y luego de otros pescados como sardinas y pequeñas anchoas. Realiza migraciones en grandes bancos o cardúmenes, reproduciéndose en primavera. Hasta otoño los ejemplares jóvenes no irán mar adentro. El desove de las caballas (Scomber scombrus) y de los verdeles (Scomber japonicus) se realiza durante la noche y no en una sola ocasión, sino en ocho o diez veces. Dejan libres entre doscientos mil a cuatrocientos mil huevos de 1 milímetro, que caen con lentitud hasta llegar al fondo donde se abren seis días después. Concluida la puesta, las caballas adultas se dispersan por la superficie del mar en busca de alimento para reponer la energía perdida, atacando, en ocasiones a los bancos de sardinas, arenques y anchoas.
Su pesca se produce entre los meses de febrero y mayo; se pesca con diversos tipos de redes de enmalle, sobre todo de arrastre bentónicas. Francia es el país europeo con mayor número de capturas al año, de treinta a cuarenta y cinco mil toneladas y España el cuarto, de diez a quince mil toneladas. La caballa es uno de los símbolos asociados a la ciudad de Ceuta (España). En el sureste español la pesca de este pez se suele realizar, entre otras artes de pesca, por el tradicional método de la almadraba. A su vez es muy conocido en toda la costa Cantábrica, por su gran pesca.
En el
relato 'Bitácora' del
cartagenero R. Guillermo se puede leer este extracto: "Torcemos a eso
del medio día, la punta de
cabo Tiñoso, y lo primero que me llama la
atención son las dos islas que emergen junto a la costa, no dejando de ser
éstas, profundas aguas, pese a la corta distancia con tierra. Hacia levante
distingo la mayor de las islas, la
Isla de Escombreras, que le viene el
nombre
por la denominación latina de la caballa –
scombrus-, siendo esta isla, icono de referencia frente a la bocana del
puerto del mismo nombre y del fértil valle, casi vergel, fulminado hoy por un
bestial entramado de industrias químicas. Pero hacia el siglo primero de nuestra
era, las factorías, que en dicho valle y puerto se erigían, eran alimenticias,
se elaboraba el preciado
garum y desde su puerto salían, una
tras otra, las naves mercantes cargadas con las finas y largas ánforas,
características de esta salsa-salazón, para
distribuirlas por todo el
Mediterráneo [...] Antes de avistar la punta de
Cabo Tiñoso, pasamos junto a la trampa de
redes, que han dispuesto temprano, los pescadores de la
almadraba. Con sus
oscuras barcazas, van cerrando el cerco y disminuyendo la distancia de
la superficie a la red. Pronto aflora de la superficie el bullicioso tesoro de
peces, que en multitud de especies, enseñan
sus gruesas y brillantes carnes al aire y al
sol. Los pescadores, satisfechos y obstinados recuperan
jarcias,
mientras otros compañeros, con afilados
bicheros,
recogen del Mar cientos de
túnidos;
alguno pesando bastante más que un hombre, tiene que ser izado por más de un
pescador. El cerco de redes, pronto queda teñido con una espuma rojiza, y en las
barcazas agonizando al aire, cientos de criaturas recientemente arrebatadas de
su mundo. Son empaquetadas en cajas de madera,
melvas,
bonitos,
albacoretas (albacoras),
lechas,
atunes…
adornados con abundantes escamas de hielo. Vuelven los
pescadores entonces al puerto de
La Azohía, donde será subastado el
tesoro que les procurará el pan de ese día. Para el comprador de este
fresco pescado, es una delicia contemplar el
desembarco. Algunos compran por cajas, las piezas de
melvas y albacoretas, para
después en casa, elaborar exquisitos
salazones
en tinajas de barro, cerrando así este rito anual, que se viene repitiendo desde
los tiempos del
garum romano, hace ya más de dos mil
años, en el sureste peninsular...".
Su cuerpo
es alargado y ligeramente comprimido cubierto de pequeñísimas escamas. Suele
medir entre 25 y 50 cm, y alcanzar
un peso de 3 Kg; sin embargo, lo más frecuente es que su longitud esté en torno
a los 30 cm y su peso sea de unos 250 a 300 gramos En
España, su talla mínima
legal de pesca es de 18 cm. Su cuerpo es azul, mientras que sus aletas y su
vientre son de color gris con tonos plateados. Su dorso está cubierto de
delgadas líneas negras transversales. En la cabeza no posee escamas. Tiene dos
aletas dorsales bien separadas, con unas aletas pectorales cortas, y una aleta
anal seguida de siete aletillas. Su aleta caudal
homocerca, está precedida por
una hilera de pequeñas aletas.
El estornino o
verdel (Scomber japonicus) es muy parecido a la
caballa común,
pero posee una característica que lo diferencia
de ésta última: el verdel posee unas manchas en su
parte inferior o vientre. En muchos sitios se comercializa como si fuera
caballa. El estornino es un
pescado azul propio de los océanos
Atlántico y
Pacífico, y su importancia comercial es notable. El dorso es de un color azul
verdoso marcado de bandas sinuosas oscuras más o menos nítidas. Tiene los
flancos y vientre amarillo plateado, jaspeado de gris y la parte superior de la
cabeza traslúcida. A menudo es confundido con la caballa (Scomber
scombrus), aunque esta es más listada y el
estornino más moteado.
Suele alcanzar los 50 cm de longitud.
La caballa pintoja (Scomber
australasicus) se encuentra en las costas de
Australia y
Nueva
Zelanda, al norte de
China y
Japón y en el
México oriental. También se encuentra
en el
océano Índico y en el
mar Rojo. Los
machos pueden llegar alcanzar los 44 cm de
longitud. Tiene el dorso marmóreo con numerosas
líneas
transversales, negras y sinuosas, que no sobrepasen la línea lateral; una aleta
caudal con escotadura y 2 aletas dorsales.
El Scomber colias se encuentra en el océano Atlántico y en el Mediterráneo Occidental, Estrecho de Gibraltar, Golfo de Cádiz, etc.
La caballa isleña (Rastrelliger faughni) es una especie de pez de la familia Scombridae en el orden de los Perciformes. Habita en la región occidental del océano Pacífico; se encuentra desde la India hasta Fiyi y Taiwán. Los machos pueden llegar alcanzar los 20 cm de longitud.
La caballa rechoncha (Rastrelliger
brachysoma) es una
especie de
pez de la
familia
Scombridae en el
orden de los
Perciformes. Vive en aguas tropicales de
los océanos
Índico y
Pacífico.
La caballa es uno de los pescados azules más económicos y ricos en ácidos grasos omega 3
Composición nutritiva de 100 gramos de caballa fresca:
|
P.C. % |
Kcal. |
H. C. |
|||||||
| 50 | 129 | 13,3 | Cero | Cero | 8,4 | 2,4 | 1,7 | 1,8 | 54,0 |
|
8,5 |
0,85 |
36,2 |
21,3 |
0,37 |
27,7 |
59,6 |
274 |
173 |
0,092 |
|
0,26 |
8,9 |
0,45 |
0,85 |
6,4 |
Cero |
Cero |
71,0 |
2,8 |
0,92 |
P.C.: Porción comestible en % de un alimento; H. C.: Hidratos de carbono; AGS: Ácidos Grasos Saturados; AGM: Ácidos Grasos Monoinsaturados; AGP: Ácidos Grasos Poliinsaturados; Ca: Calcio; Fe: Hierro; Mg: Magnesio; Zn: Zinc; Se: Selenio; Na: Sodio (sal); K: Potasio (sal); P: Fósforo.
Composición nutritiva de 100 gramos de caballa en aceite vegetal:
|
P.C. % |
Kcal. |
H. C. |
|||||||
| 100 | 217 | 22,5 | 0,60 | Cero | 13,8 | 2,3 | 5,9 | 3,3 | 66,9 |
|
17,2 |
1,0 |
5,6 |
28,9 |
0,51 |
39,0 |
382 |
278 |
272 |
0,12 |
|
0,15 |
17,1 |
0,060 |
1,0 |
9,8 |
0,090 |
Cero |
125 |
2,9 |
1,5 |
P.C.: Porción comestible en % de un alimento; H. C.: Hidratos de carbono; AGS: Ácidos Grasos Saturados; AGM: Ácidos Grasos Monoinsaturados; AGP: Ácidos Grasos Poliinsaturados; Ca: Calcio; Fe: Hierro; Mg: Magnesio; Zn: Zinc; Se: Selenio; Na: Sodio (sal); K: Potasio (sal); P: Fósforo.
La
caballa
en aceite vegetal resulta más nutritiva que la
caballa fresca, pero tiene un
problema y es su alta cantidad en sales de sodio (caballa en aceite vegetal: 382 mg/100
g de porción comestible; caballa fresca: 59,6 mg/100 g de porción comestible),
por
lo que es preferible que las personas con hipertensión arterial, con
problemas cardiovasculares, con tendencia a la retención de líquidos o edemas, o
con insuficiencia renal consuman caballa fresca
antes que los filetes de caballa en conserva
de aceite vegetal.
La caballa se encuadra dentro del grupo de los pescados azules debido a su contenido graso. En concreto, 100 gramos de porción comestible de este pescado fresco aportan 8,4 gramos de grasa. Sin embargo, la grasa presente en los pescados azules y, por tanto, también en la caballa es rica en ácidos grasos omega-3 (ácidos grasos poliinsaturados) que contribuyen a disminuir los niveles de colesterol y de triglicéridos en sangre y a hacer la sangre más fluida, lo que disminuye el riesgo de formación de coágulos o trombos (ver 'Marcadores Bioquímicos Séricos Cardíacos', escrito por mi en el año 2006). El consumo de caballa, así como de otros pescados azules, es recomendable debido a que contribuyen a disminuir el riesgo de enfermedades del corazón y de los vasos sanguíneos. Además, la carne de la caballa supone una buena fuente de proteínas de alto valor biológico y contiene diferentes vitaminas y minerales. Entre las vitaminas se encuentran las del grupo B como la vitamina B1, B2, B3, B6 y B12. En general, el contenido de vitaminas del grupo B en este pescado es poco relevante si se compara con otros alimentos ricos en estos nutrientes, como los cereales integrales, las legumbres, la levadura de cerveza, el hígado y las carnes. Respecto a la vitamina B2, ésta es más abundante en los pescados azules que en los blancos. En la caballa, la vitamina B12 (ver tablas) está presente en cantidades importantes y supera a la que contienen los huevos y gran parte de las carnes, alimentos de origen animal, fuente natural exclusiva de esta vitamina. La caballa, por ser un pescado graso, también posee vitaminas liposolubles como A, D y E, que se acumulan en sus vísceras (hígado, principalmente) y en el músculo. La vitamina D favorece la absorción de calcio, su fijación al hueso y regula el nivel de calcio en la sangre; la vitamina A contribuye al mantenimiento, crecimiento y reparación de las mucosas, piel y otros tejidos del cuerpo. Además potencia la resistencia frente a las infecciones y es necesaria para el desarrollo del sistema nervioso y para la visión nocturna. Interviene en el crecimiento óseo y participa en la producción de enzimas en el hígado y de hormonas sexuales y suprarrenales. Entre las funciones de la vitamina E destaca su acción antioxidante, es decir, constituye un factor protector frente a ciertas enfermedades degenerativas, enfermedades cardiovasculares y cáncer. En cuanto al contenido en minerales de la caballa, destaca la presencia de potasio, fósforo, magnesio, yodo, además de hierro, aunque éste último en cantidad inferior comparado con las carnes. Todos los elementos minerales desempeñan interesantes funciones en el organismo. El potasio es un mineral necesario para el sistema nervioso y la actividad muscular e interviene en el equilibrio de agua dentro y fuera de la célula. Por otro lado, el fósforo está presente en los huesos y dientes. También interviene en el sistema nervioso y en la actividad muscular y participa en procesos de obtención de energía. El magnesio se relaciona con el funcionamiento del intestino, los nervios y los músculos, además de formar parte de huesos y dientes. Mejora la inmunidad y posee un suave efecto laxante. El hierro es necesario para la formación de hemoglobina, proteína que transporta el oxígeno desde los pulmones a todas las células. Además, un aporte adecuado previene la anemia ferropénica. El yodo es un mineral indispensable para el buen funcionamiento de la glándula tiroidea que regula numerosas funciones metabólicas, el crecimiento del feto y el desarrollo de su cerebro. El inconveniente de la caballa es su contenido en purinas, que en el organismo se transforman en ácido úrico, por lo que no se aconseja en caso de hiperuricemia o gota.
A la hora de preparar caballa fresca para los niños, hay que tener en cuenta que si se cocina entero el pescado, éste contiene bastantes espinas y tan sólo un 50% de Porción Comestible (PC). Por tanto, para ofrecer caballa a los más pequeños resulta útil comprar la caballa en filetes ya limpios, de modo que el problema de las espinas desaparece. Además, la caballa es un pescado económico, por lo que puede adquirirse con frecuencia y conseguir que los niños se familiaricen a su sabor y se acostumbren a comer pescado. La caballa se presta a diferentes preparaciones, con el fin de que los más pequeños no se aburran. Puede prepararse una lasaña o un original pastel. Así los niños asocian el sabor del pescado con sus platos favoritos. La caballa en conserva se puede añadir a muchos platos: ensalada de pasta, arroz, sándwich o bocadillos. Si se prefiere que el niño consuma la caballa fresca, se puede acompañar con tomate y queso, manzanas, patatas asadas o fritas, de manera que la presentación del plato llame su atención y se anime a probarlo.
A la hora
de adquirir ejemplares de caballa, conviene decantarse por los de menor tamaño
porque se consideran los de mejor calidad. La caballa es un
pescado que comienza
a mostrar signos de falta de frescura a las pocas horas de haber sido capturado
y se
aconseja elegir aquellos ejemplares que tengan la
carne consistente y la
piel brillante. De este modo se asegura la compra de una
caballa prácticamente
recién pescada. La mayor parte de las caballas capturadas se destinan a la
elaboración de conservas, e incluso se maceran con
vino blanco. Esta gran
variedad de presentaciones hace posible que la caballa en conserva puede
añadirse a un buen número de preparaciones como ensaladas,
tortillas, huevos
rellenos, empanadas, etc. La
caballa fresca admite prácticamente
las mismas aplicaciones que las sardinas o
los boquerones. Los ejemplares más
grandes se pueden cocinar al horno igual que el
jurel: abierto el
pescado como un libro, apoyado sobre la piel y espolvoreado
con un picadillo de ajos y perejil,
zumo de limón y aceite
de oliva.
Resulta deliciosa asada con patatas panaderas o
pimientos verdes. Una
presentación original es asar la caballa en papillote con
bolsitas de verduras
cocinadas al horno. A la parrilla con salsa vinagreta, o a la plancha junto a
una cebolla cortada en aros o
salsa de ajo. Admite muy bien las preparaciones que no exigen
mucha grasa y resulta muy jugosa. La caballa frita adquiere un sabor único
espolvoreada con especias (perejil, perifollo, estragón, eneldo, albahaca,
laurel...) o si se
acompaña con una
salsa suave de tomate o con un poco de
mostaza aligerada. Cada vez es más frecuente encontrar en el mercado
caballa
ahumada, idónea para canapés. Un acompañante muy consumido en países del centro
y norte de Europa es el
choucroute (col fermentada) con
caballa ahumada.
Cualquiera que sea el modo en el que se prepare la caballa, nunca se debe quitar
su piel porque está muy adherida a la carne y esta operación resulta complicada.
La caballa admite diversas formas de preparación y está presente en numerosas recetas. Algunas destacan por su tradición, como es el caso de la caballa con salsa bilbaína, o por la originalidad de su preparación, como la caballa marinada. Para preparar la caballa en salsa bilbaína el pescado se asa y se acompaña de una salsa elaborada con ajo, aceite de oliva, guindillas, perejil y vinagre. La mezcla de sabores consigue un resultado sorprendente. Si lo que queremos es preparar una caballa marinada, el pescado se limpia cuidadosamente y se introduce en un frasco con especias, cebollas y zanahorias, crudas, peladas y partidas en trozos pequeños; la caballa se ha de conservar de este modo durante unas horas; después, se vierte vinagre hervido con azúcar sobre la caballa marinada hasta que la cubra y se conserva en un sitio fresco. Los sabores de los condimentos que forman parte del marinado van impregnando el pescado para obtener una semi-conserva con un sabor único. También, podemos preparar una estupenda caballa en escabeche.
Preparación de la Caballa para su Cocinado.
La
caballa común o escombro
es un pez marino alargado, fusiforme, con
escamas pequeñas y lisas. En la caballa común
el dorso es de color azul de acero o verdusco; el vientre blanco-ópalo plateado;
su carne grasa y sabrosa. Culinariamente se
utiliza solamente cuando es muy fresco. Es aconsejable consumirlo a primeros de
abril, cuando su carne es menos grasa e
indigesta. Sus
lechecillas
(bolsa seminal de los machos)
y
huevas
(gónadas de las hembras) son muy
sabrosas.
La caballa fresca debemos abrirla y vaciarla de vísceras, quitarle las agallas, recortar la cola y aletas dorsales, ventrales y caudal. Debemos de cortar la cabeza a la altura superior de los filetes. La lavamos bajo el chorro de agua fría, y con un cuchillito de hoja muy afilada dividir el pescado en dos mitades en sentido longitudinal, siguiendo la espina central, dejando media espina en cada filete para evitar que se rompa. La espina central se saca en el último momento, antes de llevar el pescado a la mesa.
Elaboración para 6 personas.
Limpiar
3
caballas fresquísimas
de unos 450 g cada una, vaciarles las entrañas, recortarles la cola, abrirlas
por el vientre sin separar sus 2 lomos del todo (como si se tratara de
abrir un libro), sacarles la espina central, lavarlas, secarlas
entre 2 paños de cocina, y rellenarlas con una farsa
compuesta de
mantequilla abundante,
chalote (escalonia)
pelado y picado muy finamente,
cebollitas frescas pequeñas, un
picadillo de
perejil 'fresco', algunas gotas de
zumo de limón colado, y algo de
sal y de
pimienta 'recién molida'. Cerrándolas, volver a darle la
forma original, condimentarlas por
fuera
con algo de sal y de
pimienta 'recién molida', y untarlas con
mantequilla fundida; envolverlas,
una una, en un papel blanco untado con
mantequilla, cerrar bien los envoltorios sujetándolos con
palillos de madera, y rociar con
aceite de oliva. Alinear las
caballas envueltas sobre una plancha de metal y cocerlas durante 45
minutos a fuego dulce, dándoles la vuelta y rociándolas con
aceite de oliva de vez en cuando.
Desenvolverlas una vez cocidas, colocarlas sobre una fuente de servir ovalada,
rociarlas con la
mantequilla en la que se han guisado, y adornarlas con
medios
limones.
Caballas Frías con Salsa Ravigota.
Elaboración.
Preparar las caballas como se describe en la receta de 'caballas con salsa al perejil' (ver índice de recetas), dejarlas enfriar después de la cocción y servirlas adornadas con ramitos de perejil 'fresco' y medios limones. Ofrecer en salsera aparte la salsa fría Ravigota (se elabora empleando un volumen de aceite de oliva con medio de vinagre. Se baten ambos líquidos y cuando estén mezclados se añaden elementos ácidos en forma de encurtidos, como pueden ser alcaparras y/o pepinillos. A veces, algo de cebolla 'picada'; y, sal y pimienta. En algunos recetarios modernos, se suele prescribir el emplear vino blanco 'seco' y perifollo).
Caballas Rellenas a la Bearnesa.
Ingredientes
para 6 personas: 3
caballas frescas
de 450 g cada una; 300 g de
farsa de pescado corriente mezclada con
hierbas finas; 4
dL
(400
mL) de
salsa caliente Bearnesa (que es una
salsa blanca compuesta); 120 g de
mantequilla; 5
dL
(500
mL) de
vino
blanco seco; y, algo de sal y de
pimienta 'recién
molida'.
Elaboración.
Limpiar las caballas, vaciarles las entrañas, recortarles la cola, abrirlas por el vientre sin separar sus 2 lomos del todo (como si se tratara de abrir un libro), sacarles la espina central, lavarlas, secarlas entre 2 paños de cocina, y rellenarlas con la farsa corriente de pescado. Cerrándolas, volver a darle la forma original, untarlas con mantequilla fundida y condimentarlas con algo de sal y de pimienta 'recién molida'; envolverlas, una a una, con una tela blanca casi transparente. Untar con mantequilla una fuente refractaria que resista al calor, colocar en ella las caballas envueltas, y regarlas con el vino blanco seco. Introducir la fuente en el horno precalentado a calor moderado durante una 1/2 hora; ir rociando las caballas envueltas frecuentemente con su salsa mientras dure su cocción. Una vez cocidas y con la fuente fuera del horno, quitar la tela que envuelve a las caballas, escurrirlas y disponerlas en una fuente de servir que esté caliente (la fuente de servir se puede calentar, previamente, colocándola sobre una cazo con agua hirviendo), cubrirlas con la salsa caliente Bearnesa, y servir inmediatamente.
Caballas con Salsa al Perejil.
Ingredientes
para 6 personas: 3
caballas
frescas de 450 g cada
una;
3
chalotes (escalonia);
1/2
cebolla
blanca pelada y 1/2
zanahoria naranja, cortadas muy finamente; el
perejil 'fresco' necesario; 1 poco
de
tomillo y
laurel desmenuzados; 1 diente de
ajo;
2 dL
(200
mL) de
vinagre
mezclados con la misma cantidad de agua; 6
dL
(600
mL) de
vino
blanco seco; la
mantequilla necesaria; 4 granos de
pimienta negra; 300 g de
patatas holandesas cortadas a gajos;
3 dL
(300
mL) de
salsa a la Mantequilla (o
salsa Bastarda, que es una
salsa blanca compuesta); y, algo de
sal. Para la salsa
al Perejil: 1
dL (100
mL)
de
caldo blanco de pescado; 15 g (1 cucharada sopera)
de
perejil 'fresco y picado'; 15 g de
perejil 'freso' en rama.
Elaboración.
Poner en una amplia cazuela los chalotes pelados, el picado de cebolla y la zanahoria cortada a rodajitas finas, algunos ramitos de perejil machacados, el tomillo, el laurel, los granos de pimienta, el vino y el vinagre mezclado con agua, y un buen pellizco de sal; colocar la cazuela sobre fuego moderado y hacer que arranque el hervor, para luego continuar cociendo a fuego dulce durante unos 20 minutos.
Limpiar las caballas, lavarlas y secarlas entre 2 paños de cocina; partirlas en 2 mitades en sentido longitudinal, cuidando de que la mitad de la espina central quede unida a los filetes para que sostenga su carne y no se rompa durante la cocción. Poner los filetes de pescado en una fuente honda ovalada (que resista al fuego) bien untada con mantequilla. Media hora antes de servirlo, cubrir los filetes de pescado con el líquido antes descrito, hirviente y pasado por el colador chino; poner la fuente sobre fuego lento durante unos 20 minutos. Rescatar los filetes de caballa y escurrirlos, ponerlos sobre un paño de cocina, quitarles la piel y las espinas, y disponerlos sobre una fuente de servir.
Preparar la salsa al Perejil de modo siguiente: Poner en una cazuela pequeña 100 mL de la salsa de la cocción de pescado pasada por colador chino, llevarla al fuego y cuando hierva añadirle algunas hojas de perejil, tapar el utensilio, retirarlo del fuego y dejar reposar esta infusión de perejil durante 15 minutos.
Poner 15 g de perejil picado en un colador fino, sumergirlo durante 4 segundos en agua hirviente, escurrirlo, secarlo con un paño de cocina, y colocarlo bien esparcido sobre un plato.
Preparar la salsa a la Mantequilla.
Hervir las patatas holandesas en agua ligeramente salada, retirarlas, escurrirlas y ponerlas alrededor de los filetes de caballa; poner, también, unos ramitos de perejil. Servir en salsera aparte la salsa a la Mantequilla, la infusión de perejil pasada por un tamiz de tela y el plato con el perejil picado. Cada comensal debe mezclar todos estos ingredientes sobre los filetes de pescado y las patatas holandesas.
Filetes de Caballa a la Americana.
Ingredientes
para 6 personas: los filetes de 3
caballas
frescas de 450 g cada una; 6 lonchas de
tocino;
350 g de
pulpa de tomate; el
aceite de oliva necesario; 1 cucharada sopera de
mantequilla; 1 poco de
harina; y, algo de
sal.
Elaboración.
Enharinar los filetes de caballa y freírlos en abundante aceite de oliva humeante. Rehogar la pulpa de tomate en mantequilla caliente, condimentando con 1 poco de sal. Asar las lonchas de tocino sobre la parrilla. Disponer los filetes de caballa, bien dorados, en una fuente de servir, formando una corona, alternándolos con las lonchas de tocino, y adornar el centro con la salsa de tomate. Servir bien caliente.
Filetes de Caballa a la Italiana.
Ingredientes para 6 personas: los filetes de 3 caballas frescas de 450 g cada una; 3 dL (300 mL) de salsa madre de Tomate; 100 g de mantequilla de anchoa mezclada con 1 poco de perejil 'fresco y picado' y algunas gotas de zumo de limón; 300 g de patatas; 6 crostones medianos de pan; el aceite de oliva necesario; y, algo de sal.
Elaboración.
Engrasar los filetes de caballa con aceite de oliva y asarlos a la parrilla. Pelar las patatas, escaloparlas y freírlas en abundante aceite de oliva humeante. Tostar los crostones de pan en la plancha caliente y cuando estén bien dorados y calientes, untarlos con la mantequilla de anchoa. Disponer los crostones dorados con mantequilla en una fuente de servir, y encima de cada uno de ellos 1 filete de caballa, adornar el centro de la fuente con patatas fritas y servir, acompañado de la salsa de Tomate en salsera aparte.
Filetes de Caballa con Salsa Ravigota Caliente.
Ingredientes
para 6 personas: los filetes de 3
caballas
frescas de 450 g cada una; 6
dL (600
mL)
de
vino blanco
seco; 2
dL
(200
mL)
de
vinagre;
1/2
cebolla blanca; 3
chalotes (escalonia)
peladas y 1
zanahoria naranja pequeña
cortadas a rodajas finas; 6 ramitos de
perejil fresco;
1 diente de
ajo pelado y machacado; 5 granos
de
pimienta negra; 300 g de
patatas holandesas cortadas a gajos;
y, algo de sal. Para la
salsa caliente: 4
dL
(400
mL)
de
salsa madre Bechamel; 1
dL
(100
mL)
de
vinagre al estragón; 2
dL
(200
mL)
de
vino blanco seco; 2 cucharadas soperas de
chalote pelado y picado finamente; 60 g de
mantequilla; 1 cucharadita de
cebollita fresca; y, 1 cucharada sopera de
un picadillo de
perifollo y
estragón a partes iguales.
Elaboración.
En una cazuela al fuego, poner el vino, el vinagre, la cebolla pelada, las chalotes peladas y las zanahorias cortadas a rodajas, 3 ramitos de perejil, el diente de ajo pelado y machacado, y los granos de pimienta. Calentar a fuego moderado hasta que hierva, continuar la cocción durante unos 20 minutos a ebullición ligera y, después, mantenerlo caliente.
Poner los filetes de caballa en una fuente honda ovalada que resista al fuego, cubrirlos con el líquido aromatizado descrito pasado por colador chino; poner la fuente al fuego y dejar que hierva muy lentamente durante unos 20 minutos; retirar y escurrir los filetes de caballa, colocarlos sobre un paño de cocina, sacarles la piel y sus espinas, disponerlos en una fuente de servir, y rodearlos por las patatas holandesas (previamente cocidas en agua hirviente con 1 poco de sal) y 3 ramitos de perejil fresco. Acompañar con la salsa Ravigota caliente en salsera aparte.
Para preparar la salsa caliente: Reducir, al fuego, a 4 cucharadas soperas el vinagre y el vino mezclados con el picadito de chalote, añadir la salsa Bechamel, remover y seguir cociendo muy lentamente durante 5 minutos; ya fuera del fuego, incorporarle la mantequilla a pedacitos, mezclando con un batidor, y completar la salsa con las cebollitas frescas y el picadillo de perifollo y estragón. A partir de este momento se debe evitar que la salsa hierva, pero sí se ha de mantener caliente.
Filetes de Caballa a la Veneciana.
Ingredientes para 6 personas: los filetes de 2 caballas frescas de 600 g cada una; la mantequilla necesaria; 1 cucharada sopera de un picadito de perifollo y de perejil a partes iguales; 1 cucharadita de chalote (escalonia) pelada y picada; 1,5 dL (150 mL) de fumet de pescado; 3 dL (300 mL) de salsa Veneciana (que es una salsa blanca compuesta); y, algo de sal y de pimienta 'recién molida'.
Elaboración.
Poner los filetes de caballa en una tartera untada con mantequilla; espolvorear encima una capa de picadillo de perifollo y perejil, y el picadito de chalote; salpimentar, y regar con el fumet de pescado. Tapar la tartera, ponerla en el horno precalentado a calor moderado, y cocer durante unos 6 a 8 minutos desde el momento en que el líquido comience a hervir. Escurrir los filetes y ponerlos en una fuente ovalada que resista al calor; introducir la fuente en el horno para que los filetes se calienten y se sequen ligeramente. Servir los filetes de caballa cubiertos de salsa Veneciana.
Filetes de Caballa al Vino Blanco.
Ingredientes para 6 personas: los filetes de 3 caballas frescas de 450 g cada una; 1 dL (100 mL) de mantequilla clarificada; 3 dL (300 mL) de salsa al Vino blanco (que es una salsa blanca compuesta) completada con 1 cucharada sopera de perejil 'fresco y picado'; 300 g de patatas holandesas; 1 poco de harina; y, algo de sal.
Elaboración.
Poner la mantequilla clarificada en una amplia salteadora, alinear en ella los filetes de caballa condimentados con algo de sal y ligeramente enharinados, y cocerlos hasta que se doren. Mientras tanto cortar las patatas a gajos y hervirlas en agua hirviente ligeramente salada. Disponer los filetes dorados de caballa en una fuente de servir caliente, rociarlos con la salsa al Vino blanco, y adornarlos con patatitas hervidas.
Nota.- La mantequilla 'clarificada', consiste en fundir mantequilla 'pura' a una temperatura moderada de 40 a 60 ºCelsius con el fin de que, después de un tiempo de reposo, se separe por decantación la fase acuosa de la fase grasa, quedándonos con el suero o fase acuosa. Un método para conseguirla sería fundir la mantequilla muy lentamente en el interior un cazo alto y estrecho, para que una vez que esté fundida dejarla enfriar y que se solidifique. Posteriormente, con la ayuda de un cuchillo largo, se hace un agujero profundo en el centro de la mantequilla, hasta encontrar el sitio donde reposa el suero líquido, que obtendremos volteando el cazo, y vertiéndolo en otro recipiente. // Para confeccionar las mantequillas 'compuestas', esa mantequilla 'pura' básica deberá estar 'reblandecida', llamándose, entonces, mantequilla 'en pomada', que consiste en trabajar la mantequilla 'pura' sin calentarla por encima de los 30 ºCelsius, hasta conseguir que tenga una textura blanda y cremosa, nunca líquida. Sus utilizaciones posteriores son muy variadas. // La mantequilla 'trabajada', consiste en mezclar homogéneamente un 60% de mantequilla 'en pomada' con un 40% de harina 'tamizada', y sirve para ligar y espesar caldos o salsas. Para ello, cuando un caldo o una salsa esté hirviendo le agregaremos 'bolitas o cucharadas' de esta 'mezcla' removiendo constantemente para lograr que se incorpore homogéneamente a la preparación en curso.
Papillotas de Filetes de Caballa Capricho.
Ingredientes para 6 personas: los filetes de 3 caballas frescas de 450 g cada una; 200 g de mantequilla blanda mezclada con perejil 'fresco y picado'; el aceite de oliva necesario; 150 g de champiñones frescos cortados finamente en láminas y cocidos en 1 poco de mantequilla caliente y algo de sal; y, 6 hojas de papel sulfurizado cortadas en forma de corazón (también se puede utilizar papel de aluminio).
Nota.- La mantequilla pura básica deberá estar 'reblandecida', llamándose, entonces, mantequilla en pomada o blanda que consiste en trabajar la mantequilla pura sin calentarla por encima de los 30 ºCelsius, hasta conseguir que tenga una textura blanda y cremosa, nunca líquida. Sus utilizaciones posteriores son muy variadas.
Elaboración.
Untar los filetes de caballa con aceite de oliva, cocerlos a fuego moderado sobre la plancha caliente y, cuando estén bien dorados, ponerlos en un plato junto con las láminas de champiñones. Untar abundantemente las hojas de papel con aceite de oliva, extender en la mitad de cada hoja 1 poco de mantequilla blanda mezclada con perejil picado, y ponerle encima 1 filete de caballa y 1 porción de láminas de champiñones, juntar los bordes de los cucuruchos doblándolos de forma que los filetes queden bien envueltos. Untar una placa de horno con aceite de oliva, alinear en ella los envoltorios, introducir la placa en el horno precalentado a 180º Celsius, y cocer durante un par de minutos o hasta que se hinchen los envoltorios tomando un tono oscuro. Disponer los cartuchos en una fuente y servirlos enseguida.
Dúo de Caballa y Cazón a la Marinera.
"El
cazón o tiburón vitamínico
(Galeorhinus galeus) es una
especie de
elasmobranquio
carcarriniforme de la
familia biológica
Triakidae ampliamente distribuida en aguas
templadas de todos los
océanos. Sin
espinas delante de las aletas dorsales. Puede
llegar a
los 2
metros de longitud y a los 45 Kg de peso. Especie
demersal, es decir nadadora, pero de vida
ligada al fondo. Viven en fondos entre 40 y 100
m
de profundidad. En algunas zonas del
Golfo de México y del
Caribe también se conoce con el nombre de cazón
a la cría del
tiburón. Ampliamente distribuido en aguas
templadas. Se encuentra en el sur de
Brasil,
Uruguay,
Argentina; de
Islandia a
Sudáfrica, incluyendo el
Mediterráneo;
Australia y
Nueva Zelanda;
Hawái, de la
Columbia Británica hasta el sur de
Baja California y el
Golfo de California,
México,
Perú,
Chile y
España. En la cocina de la
provincia de Cádiz,
Sevilla,
Málaga y
Huelva, se suele cocinar en
adobo. En
Canarias
también se cocina recibiendo el nombre de
tollos.
En
Argentina el cazón
pescado en las aguas del
Océano Atlántico Sur suele ser desecado hasta
adquirir aspecto del
bacalao desecado; con este cazón
desecado se preparan
guisos y otros platos que son
principalmente consumidos durante la
Semana Santa incluso por aquellos no son
cristianos debido a lo tradicional, nutritivo y apetitoso de los platos que en
Argentina
se pueden preparar con cazón. En el año
2010,
Greenpeace España añadió el cazón a su lista
roja de pescados: "La lista roja de especies pesqueras de Greenpeace para España
incluye quince especies vendidas en los supermercados españoles que pueden
provenir de una pesca o acuicultura insostenibles"... De la 'Enciclopedia
Wikipedia'.
"También
llamado caella,
bienmesabe, tiburón vitamínico o
trompa de cristal. Es un pez cartilaginoso,
con alto contenido de
urea en el músculo, al igual que las
rayas
y
mantas. Generalmente viven cerca de la
costa, en fondos de entre 40 y 100 metros de profundidad. Se alimenta de peces
como
sardinas,
jureles y
caballas, y también de
crustáceos y
animales invertebrados. Pertenece a la
familia biológica de los
tiburones (Triakidae),
aunque es una de las
especies de menor tamaño. Sus dientes,
comparados con otras
especies, son pequeños, pero muy agudos
y cortantes. Los ejemplares de unos 50 Kg son muy apreciados en los mercados
europeos ya que se pueden cortar en grandes filetes.
Es un
pez cartilaginoso (Chondrichthyes), de cuerpo
grande, aplastado y largo. El color es gris plateado o gris parduzco, y la
superficie ventral blanca. Su hocico es largo, posee ojos ovalados y dientes
triangulares y planos. Son
ovovivíparos, es decir que las hembras retienen
los huevos en la cavidad uterina hasta que
eclosionan y se desarrollan. Cuando la madre realiza la puesta las
crías tienen ya la misma forma que los
adultos. Suele tener unas 20 crías. A
diferencia de otros tiburones, los
cazones prefieren cazar en grupos, usando a
veces la táctica de arrinconar pequeños bancos de
peces. A diferencia de otros
tiburones, poseen
membranas nictitantes en lo ojos, que son casi
transparentes, forman un párpado más y le brindan una mayor protección.
Especies similares son: la
musola (Mustelus
mustelus), que se encuentra en el
Atlántico y sus mares cálidos, evitando las aguas rocosas,
prefiriendo las aguas costeras; la musola dentuda
(Mustelus
canis), también llamada boca dulce,
que se
captura
principalmente en
Centroamérica, siendo su
carne de calidad media, pero con una condimentación adecuada
mejora su sabor considerablemente; y, el gatuzo
(Mustelus
schmitti) que vive en aguas del
Atlántico y meridionales del
Pacífico, siendo uno de los tiburones
más pequeños. La piel del cazón es áspera y
la emplean los carpinteros para pulir madera. Muy apreciado en
Andalucía
donde es cocinado en adobo conocido en
Cádiz
y, sobre todo, en
San Fernando como
bienmesabe. Para saber si un
tiburón es macho o hembra sólo debes
observar sus aletas pelvianas: el macho ha desarrollado en el borde interno de
dichas aletas unos órganos copuladores externos llamados
pterigópodos, que hacen la función de
pene,
la hembra carece de dichos órganos. Antiguamente, los dientes de
tiburón eran utilizados como talismanes; con
ellos se fabricaban colgantes para proteger a los niños de cualquier mal;
también se utilizaban para detectar si la comida estaba envenenada, según si el
diente cambiaba o no de color. La
sopa de aleta de tiburón se
considera un manjar
afrodisíaco en
Asia.
En
China se consume desde hace más de dos mil
años"... De 'Pescaderías
Coruñesas', modificado por nosotros.
Ingredientes
para 4 personas: las rodajas de
2
caballas frescas de 300 g cada una; 600 g
de rodajas de
cazón; y, 1 Kg de

mejillones
de batea de tamaño grande. Para la
salsa marinera;
1
chalote (escalonia);
1 diente de
ajo; 4 ramitas de
estragón; 1
L de
vino blanco seco; 15
mL (1 cucharada sopera) de
aceite de oliva; y, algo de
sal y de
pimienta
'recién molida'.
Elaboración.
Pedir al pescadero que vacíe las caballas, les quite la cabeza y aletas, y las corte a rodajas. También, que parta el cazón en 4 rodajas. Lavar todo el pescado con agua fría y secarlo con papel absorbente. Rascar las valvas de los mejillones, quitarles sus barbas, y lavarlos bajo el chorro de agua fría.
Para preparar la salsa marinera: Pelar la
chalote y cortarla a rodajas finas. Pelar el
diente de ajo. Lavar y picar
el
estragón. En una cacerola grande, al fuego,
verter el vino blanco, añadir el
ajo, la escalonia
y el estragón,
salpimentar, agrega 1 cucharada sopera de
aceite de oliva, y dejar cocer durante 10 minutos a fuego lento.
Meter los mejillones en la cacerola, hacer
que se abran sus valvas a fuego fuerte, sacudiendo a menudo el recipiente y
removiendo 1 ó 2 veces; apartar la cacerola del fuego cuando los
mejillones estén abiertos, retirarlos con
una espumadera y mantenerlos calientes en una fuente situada encima de un cazo
con agua hirviendo, cubriendo la fuente con
papel de aluminio.
Volver a poner al fuego la cazuela con la salsa marinera, sumergir en ella los trozos de pescado, y cocer a fuego lento y tapados durante unos 6 minutos; retirar el pescado con una espumadera y disponerlo en una fuente. Poner de nuevo la salsa marinera al fuego y dejar que se reduzca durante unos minutos; probar y ajustar el punto de sal; cubrir el pescado con esta salsa marinera.
Servir los mejillones como entrante, o al mismo tiempo que el dúo de caballa y cazón.
Caballas Escalfadas al Vino Blanco.
Ingredientes
para 6 personas: 1 Kg de
caballas
frescas pequeñas. Para preparar un caldo corto:
2
zanahorias naranjas; 1
cebolla blanca; 1
limón; 1
L
de
vino
blanco seco; 2 ramitas de
tomillo;
1 hoja de
laurel; 8 granos de
pimienta
negra; 1 cucharadita de semillas de
cilantro; 2
clavos de olor; 100
mL
de
vinagre de vino blanco; y, algo de
sal.
Elaboración.
Descabezar
las caballas, quitar las agallas y aletas,
vaciarlas de vísceras presionando cada una de ellas entre los dedos, lavarlas
bajo el chorro de agua fría y secarlas con
papel absorbente; disponerlas en un plato hondo y espolvorearlas con
sal, dejándolas reposar durante 2
horas.
Preparar el caldo corto: Pelar las zanahorias y la cebolla; lavar el limón y cortarlo a rodajas; introducir en una cazuela las zanahorias y la cebolla, el vino blanco, el tomillo, el laurel, los granos de pimienta, las semillas de cilantro y los clavos de olor; poner la cazuela al fuego y hervir durante 10 minutos; añadir el vinagre y las rodajas de limón; hervir de nuevo durante 5 minutos; retirar la cazuela del fuego y dejar enfriar su contenido.
Sumergir las caballas en el caldo corto, poner la cazuela al fuego, llevar a ebullición y dejar cocer durante unos 3 minutos. Retirar las caballas con una espumadera y colocarlas en una terrina de loza o de vidrio; pasar el caldo corto de pescado por el colador chino, y verterlo aún hirviente sobre las caballas; dejar enfriar la terrina sin tapar dentro del frigorífico. Degustar las caballas al vino blanco cuando estén bien frías.
Rillette
es un término francés que designa una preparación de
carne o
pescados grasos, cocidos
en grasa para darles
untuosidad, conservados en terrinas y que se sirven fríos como
entrante, por lo común acompañados con
pan de hogaza. Históricamente, la
rillette, conocida más comúnmente por
su plural les rillettes, es un plato
de
charcutería
francés típico de
Le Mans, consistente en una especie de
pâté blando y hebroso. Se hace con
carne desmenuzada (generalmente de
cerdo) cocida en su propia
grasa y condimentada con
sal,
pimienta, diferentes
especias y ocasionalmente
vino o alguna otra
bebida alcohólica. Se venden en tarrinas de
cartón o de cristal o en latas, cubiertas por una película de grasa,
y se consumen habitualmente en
bocadillos o
tostadas, ya que presenta un aspecto fácil de untar. Si bien las más
fáciles de encontrar son las de
cerdo,
también podemos ver, en tiendas especializadas, de
pato,
conejo,
oca o incluso de
caza o
pescado (de
trucha,
salmón, etc.). Nacidas en el
siglo XV en el departamento de
Indre y Loira fue en el
Sarthe y más concretamente en la ciudad de
Le Mans donde acabaron arraigándose y donde
existe a partir del
siglo XIX una abundante producción industrial.
Podemos distinguir según su preparación entre
rillettes de
Tours y de
Le Mans; siendo estas últimas más grasas al
encontrarse la
carne menos picada. Desde un
punto de vista nutricional las rillettes
son una fuente de aporte de grasas y proteínas, y conviene por lo tanto tomarlas
con precaución dentro de una dieta equilibrada.
Ingredientes
para 4 personas: 1
L
de
caldo corto para pescado; 500 g de
caballas
frescas; 150 g de
mantequilla;
2
chalotes (escalonia);
1 manojo de tallos de
cebollino;
el
zumo de 1
limón; y, algo de sal
y de
pimienta 'recién molida'.
Elaboración.
Si no se utiliza un producto deshidratado comercial, preparar en primer lugar el caldo corto para cocer el pescado y dejarlo enfriar. Dejar la mantequilla a temperatura ambiente para que se ablande. Pelar y picar finamente las chalotes. Lavar y picar los tallos de cebollino. Descabezar la caballas, vaciar sus vísceras presionando con los dedos su zona ventral, y cortarles sus aletas y cola; lavarlas bajo el chorro de agua fría y secarlas con papel absorbente.
Poner en el fuego una cazuela con el caldo corto y llevarlo a ebullición; sumergir el pescado y cocerlo a fuego lento durante unos 5 minutos; retirar las caballas con una espumadera y secarlas con papel absorbente; cuando ya estén tibias, abrirlas y extraer las espinas y la piel; desmigar los filetes de caballa en un cuenco e incorporar poco a poco la mantequilla; añadir el picadito de chalotes y cebollino, y el zumo de limón; salpimentar y mezclar todo muy bien con una espátula de madera; probar y ajustar el punto de sal.
Disponer los rillettes de caballa en una terrina, taparla e introducirla en el frigorífico durante 1 hora. Servir estos rillettes como entrante sobre unas rebanadas de pan tostado.
Filetes de Caballa a la Mostaza.
Ingredientes para 4 personas: 4 caballas frescas grandes o los suficientes filetes de caballa ya preparados para su consumo; 15 cL (150 mL) de fumet de pescado; 2 cebollas blancas; 200 g de mostaza de Dijon; 30 g (2 cucharadas soperas) de mantequilla; 1 cucharada sopera (15 mL) de aceite de oliva; 15 cL (150 mL) de vino blanco seco; 1 ramillete de hierbas aromáticas (compuesto por: 1 hoja de laurel, 1 ramita de tomillo, 3 ramitas de perejil fresco, 1 trozo de la parte verde de 1 puerro, y 1 ramita de hojas de apio); 1 cucharada (15 g) de pan rallado; 1 limón; unas hojitas frescas de perejil; y, algo de sal y de pimienta 'recién molida'.
Elaboración.
Pedir
al pescadero que extraiga los filetes de las
caballas. Si no se dispone de un preparado
comercial de fumet de pescado, hay que
prepararlo en casa, pasarlo por el colador chino y dejarlo enfriar. Precalentar
el horno a 210º
Celsius. Lavar los
filetes de caballa bajo el chorro de agua
fría, secarlos con papel
absorbente y practicar en ellos unas incisiones con la hoja afilada de un
cuchillo. Pelar las cebollas y picarlas.
Untar con mantequilla una fuente para
horno.
Salpimentar los
filetes y, con un pincel de silicona, aplicarles una capa de
mostaza. Alinear los
filetes en la fuente de horno.
En un cazuela, al fuego, calentar el aceite de oliva, añadir las cebollas picadas y pocharlas durante 6 minutos; regarlas con vino blanco y fumet de pescado, e incorporar el ramillete de hierbas aromáticas junto con una cucharada sopera de mostaza; remover a fondo y cocer durante 8 a 10 minutos. Verter esta salsa sobre los filetes de caballa y esparcirles pan rallado por encima. Introducir la fuente en el horno y cocer durante 5 minutos.
Lavar el limón y cortarlo a rodajas. Retirar de la fuente de horno el ramillete de hierbas aromáticas; probar y ajustar el punto de sal. Decorar la fuente con las rodajas de limón y unas hojas frescas de perejil. Servir enseguida, acompañado por una guarnición de verduras al vapor.
"Bolonia es una ciudad de Italia, capital de Emilia-Romaña (en el norte del país), situada entre el río Reno y el río Sávena, cerca de los Apeninos. Es una de las ciudades históricas mejor conservadas y tiene el segundo casco antiguo medieval más grande de Europa, después del de Venecia. Es llamada la Ciudad Roja por el color de sus tejados y fachadas, y por ser uno de los ejes centrales del Partido Comunista Italiano y de la resistencia de los partisanos contra los fascistas en la Segunda Guerra Mundial. También es llamada Bolonia la Docta por su universidad, fundada en 1088 (la más antigua de todo Occidente), y Bolonia la Gorda por su excelente cocina"... De la 'Enciclopedia Wikipedia'.
Ingredientes para 4 personas: 4 caballas frescas de 250 g cada una; 600 g de mejillones de batea; 1/2 limón; 2 cebollas blancas; 150 g de champiñones; 1 huevo fresco; 300 mL de cerveza rubia ligera; 75 g de mantequilla; 1 cucharada sopera de harina; y, algo de sal y de pimienta 'recién molida'.
Elaboración.
Descabezar las caballas, quitar sus agallas, cortar sus aletas y vaciar sus intestinos presionando con los dedos sobre la zona ventral, o bien, pedir al pescadero que lo haga; lavarlas con agua fría y secarlas con papel absorbente. Rascar las valvas de los mejillones, quitar sus barbas, lavarlos bajo el chorro de agua fría, y escurrirlos en un colador. Exprimir el limón, colándolo, y reservar su zumo. Pelar las cebollas y picarlas finamente. Lavar los champiñones con cuidado, eliminar sus pies terrosos, cortar las cabezas en finas láminas, rociarlas con el zumo de limón, y reservar.
Poner los mejillones en una cacerola al fuego, taparlos y cocer a fuego vivo hasta que sus valvas se abran, sacudiendo a menudo el recipiente; retirar del fuego, escurrir los mejillones en un colador; extraer su carne de la valvas y mantener caliente. Pasar por el colador chino el jugo de cocción de los mejillones y reserva en un cuenco.
Precalentar el horno a 210º Celsius. Batir el el huevo, y en otro cuenco diluirlo con 100 mL de cerveza. En una marmita, al fuego, fundir 30 g de mantequilla, añadir la cebolla picada, tapar y cocer a fuego lento durante 8 a 10 minutos, removiendo varias veces; espolvorear con la harina, añadir los 200 mL de cerveza restantes sin dejar de remover, y agregar el huevo batido; remover, incorporar el jugo de cocción de los mejillones, salpimentar ligeramente, y proseguir la cocción durante 1 minuto, sin dejar que rompa el hervor, hasta conseguir una salsa de cerveza.
Untar con mantequilla una fuente adecuada para horno; verter la mitad de la salsa de cerveza, y alinear las caballas en oposición cabeza con cola; cubrir con la otra mitad de la salsa de cerveza, y distribuir el resto de la mantequilla cortada a trocitos. Introducir la fuente en el horno caliente y cocer durante 10 minutos. Cinco minutos antes de que concluya la cocción, incorporar las láminas de champiñones rociadas con zumo de limón y distribuir la carne de los mejillones por encima. Servir caliente.
Ingredientes
para 4 personas: 4
caballas
frescas de 250 g cada una; 2
cebollas blancas; unos tallos de
cebollino; 5
manzanas
Golden o Reineta; 250
mL
de
sidra; 1 cucharada sopera de
vinagre de sidra; 30 g de
mantequilla; y, algo de
sal y de
pimienta 'recién molida'.
Elaboración.
Descabezar las caballas, quitar sus agallas, cortar sus aletas y vaciar sus intestinos presionando con los dedos sobre la zona ventral, o bien, pedir al pescadero que lo haga; lavarlas con agua fría y secarlas con papel absorbente. Pelar las cebollas, cortarlas finamente, lo mismo que los tallos de cebollino una vez lavados. Pelar las manzanas, cortar una a rodajas y las 4 restantes a cuartos.
Disponer en el fondo de una marmita, al fuego, la cebolla cortada y las rodajas de manzana; disponer las caballas encima, y verterles la sidra y el vinagre; salpimentar y cocer a fuego lento durante 5 minutos. En una sartén, al fuego, fundir la mantequilla, añadir los cuartos de manzana y dorarlos rápidamente para que no se conviertan en compota.
Retirar las caballas de la marmita con un espumadera y mantenerlas calientes en una fuente colocada sobre una cacerola con agua hirviendo; distribuir los cuartos de manzana a su alrededor. Calentar, al fuego, el jugo de cocción de las caballas para que se reduzca 1/3; rociar los pescados con el jugo, probar y ajustar el punto de sal. Esparcir las rodajitas de cebollino por encima y servir caliente.
Ingredientes para 6 personas: 6 caballas frescas de 250 g cada una; 150 mL de fumet de pescado; 2 pimientos rojos; 2 cebollas blancas; 3 dientes de ajo; 4 patatas nuevas; 1/2 limón; 200 mL de aceite de oliva; 1 hoja de laurel; 2 cucharadas soperas de perejil 'fresco y picado'; y, algo de sal y de pimienta 'recién molida'.
Elaboración.
Descabezar las caballas, quitar sus agallas, cortar sus aletas y vaciar sus intestinos presionando con los dedos sobre la zona ventral, o bien, pedir al pescadero que lo haga; lavarlas con agua fría y secarlas con papel absorbente. Si no se utiliza un producto deshidratado comercial para hacer caldo de pescado, preparar un fumet de pescado, pasarlo por el colador chino, dejar enfriar y reservar.
Precalentar el gratinador del horno. Abrir las caballas y desespinarlas; lavar los filetes con agua fría, secarlos con papel absorbente, y hacer en ellos algunas incisiones. Lavar los pimientos, quitarles su pedúnculo y semillas, cortarlos en 4 trozos, quitarles sus filamentos blancos y colocarlos sobre una placa de horno con la piel hacia arriba; insertar la placa a 15 cm del gratinador, y asarlos durante 10 a 15 minutos hasta que la piel aparezca negra e hinchada; dejarlos enfriar, quitarles la piel y cortarlos a tiras.
Precalentar el horno a 210º Celsius. Pelar las cebollas y cortarlas en aros. Pelar y picar los dientes de ajo. Pelar las patatas, lavarlas y cortarlas en rodajas. Exprimir el medio limón y reservar su zumo.
En una sartén, al fuego, calentar el aceite de oliva, añadir las rodajas de patata y rehogarlas durante 8 minutos; incorporar los aros de cebolla y proseguir la cocción durante 2 minutos. En una fuente resistente al horno, extender las rodajas de patata y los aros de cebolla, añadir las tiras de pimiento y depositar encima los filetes de caballa; trocear con los dedos la hoja de laurel y esparcir los trocitos sobre los filetes; añadir el ajo picado, regar con el fumet de pescado y el zumo de limón colado, y salpimentar. Introducir la fuente en el horno y cocer durante 10 minutos; probar y ajustar el punto de sal. Espolvorear con perejil picado por encima y servir caliente.
Steak Tartare de Caballa con Carpaccio de Pez Espada.
Ingredientes
para 4 personas: Para el
steak
tartare de
caballa: 1,2 kg de
caballas frescas; 2
chalotes
(escalonia);
1 cucharada sopera de
aceite de oliva; 1 cucharada sopera de
zumo de limón; 2 cucharadas soperas
de tallos de
cebollinos cortados; y, algo de
sal y de
pimienta 'recién molida'. Para el
carpaccio de
pez
espada: 1 trozo de
pez
espada (Xiphias
gladius) de 200 g; 2 cucharadas soperas de
aceite de oliva; 1 cucharada sopera
de
zumo
de limón; y, algo de sal
y de
pimienta 'recién molida'.
Elaboración.
Pedir al pescadero que corte la caballa en filetes y les quite la piel, lo mismo que al trozo de pez espada. Lavar el pescado con agua fría y secarlo con papel absorbente. Cerciorarse de que los filetes de caballa no llevan espinas pasando con suavidad el dedo por la carne, en los dos sentidos, y si las hay quitarlas con unas pinzas de metal adecuadas.
Introducir los filetes de caballa y el trozo de pez espada en el congelador durante 72 horas para asegurarnos que las posibles larvas del gusano nematodo Anisakis que pudieran tener quedan inoperantes, y además conseguir que la carne se endurezca para así, luego, poder cortarla con más facilidad.
Pasadas las 72 horas, seguimos con la preparación: Meter un cuenco y 4 platos de color blanco en el frigorífico para que se enfríen.
Preparar el steak tartare de caballa: Pelar las chalotes y picarlas finamente. Verter 1 cucharada sopera de aceite de oliva y el zumo de limón en un cuenco; incorporar el picadillo de chalotes y el cebollino cortado, salpimentar, y batir la mezcla hasta emulsionarla. Colocar los filetes de caballa sobre una tabla de cocina y, con la hoja afilada de un cuchillo cortarlos en daditos de similar tamaño; echarlos en el cuenco frío que teníamos en la nevera, verterles por encima la salsa que se ha descrito, y mezclar muy bien todo. Con 2 cucharas soperas moldear unas croquetas grandes con el steak de caballa, disponer cada porción en cada uno de los 4 platos fríos y reservar en la nevera.
Preparar las láminas de pez espada: Verter en un amplio cuenco 2 cucharadas soperas de aceite de oliva y la cucharada de zumo de limón, salpimentar y batir el conjunto. Colocar el trozo de pez espada enfriado sobre una tabla de cocina y, con la hoja afilada de un cuchillo, cortarlo en finas láminas.
Sacar los platos con steak de caballa del frigorífico; en cada plato distribuir las láminas de pez espada alrededor del steak, y después untarlas con aceite de oliva. Meter, de nuevo, los platos en el frigorífico, mientras se prepara una ensalada de berros. Servir los platos en frío acompañados de la ensalada.
Ingredientes para 4 personas: 12 caballas frescas pequeñas; 2 cebollas blancas; 2 zanahorias naranjas; 2 berenjenas pequeñas; 1 rama de apio; 400 mL de vino blanco seco; 150 mL de vinagre de vino blanco; 1 ramita de canela; 1 ramillete de hierbas aromáticas (compuesto por: 1 hoja de laurel, 1 ramita de tomillo y otra de romero, y unas ramitas de perejil fresco); 250 mL de aceite de oliva; 1 lechuga; y, algo de sal y de pimienta 'recién molida'.
Pelar las cebollas y partirlas por la mitad. Pelar las zanahorias, lavarlas y cortarlas en rodajas. Lavar las berenjenas y cortarlas en rodajas. Deshojar la rama de apio y lavar las hojas.
En una cazuela, al fuego, verter el vino blanco seco y el vinagre, añadir la ramita de canela, el ramillete de hierbas y todas las verduras y hortalizas; salpimentar, hervir y cocer a fuego lento durante 10 minutos. Disponer las hortalizas y verduras en un recipiente no metálico y dejarlas en su adobo al menos durante 48 horas, introduciendo el recipiente en el frigorífico.
Transcurridas 48 horas, descabezar las caballas, quitarles sus agallas y aleteas, y vaciar sus vísceras presionando con los dedos la zona ventral; lavar con agua fría y secar con papel absorbente. En una sartén, al fuego, calentar 200 mL de aceite de oliva y freír las caballas a fuego vivo durante 2 minutos por cada lado, salpimentando en el curso de la cocción; retirarlas con espumadera y escurrirlas sobre papel absorbente; abrirlas, separar los filetes y retirar la espina central.
Lavar la lechuga y secarla; cortar sus hojas, disponerlas extendidas sobre una fuente de servir, y distribuir por encima los filetes de caballa y algunas verduras y hortalizas. Rociar el conjunto con 1 chorrito de aceite de oliva y servir al momento, acompañando con rebanadas de pan tostado.
Este
producto podemos encontrarlo en el mercado con diversos nombres:
caballa en salazón,
viso o visol oreado,
estornino oreado, etc. El
viso
es una
salazón de diversas especies de
caballa. Al igual que otros
salazones de pescado, cuyo ejemplo más
conocido es la
mojama de
atún o el
bonito
del sur en
salazón, prensado y secado al sol,
es un producto típico del sur y levante español. A lo largo de los años su
elaboración artesanal permitía conservar el pescado
obtenido por la pesca local, de una forma sencilla y económica para el
consumo
posterior o transporte y comercialización del mismo. El
viso normalmente envasado al vacío tras el secado, y puede
encontrarse con facilidad en supermercados de
Andalucía,
Región de Murcia y
Comunidad Valenciana. El
salazón de
viso se elabora igual que el de
bonito
del sur. Unas veces se presenta con cabeza y otras veces
sin ella. Se abre el pescado, se le extraen
sus vísceras y se extiende en forma de mariposa; se envuelve con
sal gruesa marina durante unos 5 a 6 días y,
después, se enjuaga bajo el chorro de agua
fría para desalarlo; se prensa poniéndole un peso encima para que suelte el
exceso de agua durante 1 a 2 días; y, al
final, se cuelga dejándolo secar u orear a sol durante unos 15 a 20 días. Para
evitar que los insectos lleguen a él depositando sus huevos y larvas se utiliza
una carnera como la que ven en la foto de la izquierda, o bien se sumergen en
aceite de oliva, mezclado con
pimentón rojo, ya que éste último es
un repelente para los insectos. Antiguamente, se secaba en los barcos de pesca
en alta mar, ya que allí no hay moscas y mosquitos.
Secar alimentos al sol y el viento es un antiguo método de preservación. El pescado fresco tiene aproximadamente un 80% de agua; por debajo del 25% las bacterias tienen problemas para crecer, y por debajo del 15% también los mohos. Afortunadamente, la deshidratación también intensifica y altera el sabor rompiendo la estructura celular y favoreciendo la acción de las enzimas, y concentrando moléculas con sabores hasta un punto en el que empiezan a reaccionar unas con otras para formar capas de sabor adicionales. Los candidatos habituales son pescados y mariscos muy magros, porque el secado al aire causa inevitablemente oxidación de las grasas y un cierto sabor de sabores rancios. Los pescados grasos o azules se suelen ahumar o curar en sal en recipientes cerrados, para minimizar la ranciedad. Muchas veces, el pescado se sala o se cuece antes de secarlo, con lo que se extrae la humedad y se dejan las superficies más inhóspitas para los microbios de la descomposición durante el secado propiamente dicho. China y el Sudeste Asiático son los mayores productores y consumidores de pescado y mariscos secos. Los cocineros utilizan gambas secas, enteras o trituradas, para dar sabor a diversos platos; cuecen a vapor y cortan en tiras las vieiras secas antes de añadirlas a las sopas, y reconstituyen orejas de mar, pulpos, calamares, medusas y holoturias secas y endurecidas, empapándolas hasta que se ablandan. Lo mismo hacen con las aletas de tiburón, que otorgan un espesor gelatinoso a las sopas. La preservación por secado natural funciona bien en climas fríos y muy cálidos. La Europa templada, donde el pescado se suele estropear antes de secarse lo suficiente, desarrolló el hábito de salar antes o en lugar de secarlo. Una salazón de un día preserva muchos pescados durante varios días más, lo suficiente para llevarlo tierra adentro, mientras que saturar el pescado con un 25% de sal lo mantiene estable durante un año. El bacalao y sus parientes magros (pescado blanco) se salaban y después se secaban al aire, mientras que el arenque graso (pescado azul) y sus familiares reprotegían de la ranciedad inducida por el aire sumergiéndolos en barriles de salmuera, o ahumándolos después. Las mejores modalidades son el equivalente marino del jamón curado con sal. En ambos casos, con la sal se gana tiempo para la transformación: los preserva de modo suave y por suficiente tiempo para que las enzimas del pescado y las bacterias inocuas que toleran la sal descompongan las proteínas y grasas insípidas en fragmentos con sabor, que después siguen reaccionando para genera sabores de gran complejidad. Es difícil establecer una distinción clara entre el pescado salado y el fermentado. Las bacterias desempeñan una cierta función incluso, por ejemplo, en el bacalao muy curado, y en la mayoría de las fermentaciones de pescado se empieza salando para controlar la proliferación y actividad de las bacterias. En general, a la mayoría de los productos de bacalao, arenque y anchoa salados no se los considera fermentados. Muchas culturas, desde el Ártico a los trópicos, han reclutado microbios para que crezcan sobre el pescado y transformen su textura y sabor. Pero el centro mundial de la fermentación de pescado es Asia Oriental, donde ha cumplido dos importantes funciones: preservar y aprovechar el gran número de peces pequeños que habitan en las aguas litorales e interiores, y aportar una fuente concentrada de sabores que estimulan el apetito –sobre todo, el glutamato monosódico y otros aminoácidos umami- en una dieta dominada por el arroz insípido. Parece que la fermentación de pescado se originó hace varios miles de años en las aguas dulces del sudoeste de China y la región del río Mekong. Después se difundió a los deltas costeros y se aplicó al pescado marino. Evolucionaron dos técnicas diferentes: simplemente salar una masa de pescados pequeños o trozos de pescado y dejar que fermente, o salar ligeramente pescados más grandes y después enterrarlos en una masa fermentada de arroz u otros granos, verduras o frutas. En la fermentación simple, la proporción de sal suele ser suficiente para preservar por sí misma el pescado del deterioro, y las bacterias son importantes principalmente como modificadores del sabor. En cambio, en la fermentación mixta una pequeña dosis de sal preserva el pescado solo durante unas pocas semanas, mientras los ingredientes vegetales alimentan a los mismos microbios que agrian la leche o transforman el zumo de uvas en vino. Después, el pescado es preservado por los ácidos o el alcohol producidos por los microbios, y adquieren sabor gracias a los numerosos subproductos de su crecimiento. A partir de estos simples principios, los pueblos asiáticos han desarrollado docenas de productos distintivos de pescado fermentado, y los europeos solo unos cuantos. Entre ellos, el sushi original, que no era un trozo de pescado prístinamente fresco sobre arroz con un poco de vinagre.
Ingredientes:
La
caballa fresca en la cantidad que creamos conveniente; y,
un preparado para ahumar consistente en 50%
de sal marina gruesa, 25% de
sal ahumada
(marca
Hacendado-Mercadona), y
25% de
azúcar.
Elaboración.
Descabezar las caballas quitándoles también sus agallas, cortarles las aletas, abrirlas y quitarles las vísceras, lavarlas bajo el chorro de agua fría y secarlas con papel absorbente. Cerciorarse pasando un dedo en un sentido y otro sobre los lomos, y si las hay extraerlas con una pinzas de metal adecuadas. Extender las caballas limpias abiertas en forma de mariposa sobre una capa del preparado para ahumar descrito que se habrá extendido en un recipiente adecuado, tapar completamente con otra capa del preparado para ahumar, tapar con un paño de cocina, poner un peso encima, e introducir el recipiente en la nevera durante 5 a 7 días. Sacar el recipiente de la nevera, y enjuagar las caballas ahumadas bajo el chorro de agua fría y secarlas con papel absorbente. Volver a poner las caballas ahumadas en un recipiente limpio, tapar con un paño de cocina, poner un peso encima, e introducir en la nevera durante otros 5 días. Servir la caballa ahumada cortada en lonchitas sobre unas tostadas con mantequilla. También se puede poner sobre la mantequilla y la caballa ahumada un picadito de cebolla blanca, caviar o sucedáneo de huevas de pescado, tápenas o alcaparras, pepinillo encurtido, cortado a rodajitas, etc.
El
ahumado
es una técnica culinaria que consiste en someter
alimentos a
humo proveniente de
fuegos realizados de
maderas de poco nivel de
resina. Este proceso, además de dar
sabores ahumados sirve como conservador
alargando la vida de los
alimentos. Existen dos tipos de
ahumados: en frío y en caliente. En frío, el
proceso dura aproximadamente de 24 a 48 horas (dependiendo del alimento) y no
debe superar los 30 °C; en caliente, la temperatura debe ser mayor a los 60 °C y
no superar los 75 °C. Se recomienda realizar primero el
ahumado en frío y, luego, en caliente. Esta forma de preservación
de alimentos proviene de épocas remotas; posiblemente por casualidad se
descubrió que los alimentos que colgaban arriba de los
fogones que se utilizaban para
calefacción y cocinar duraban más que los que
no estaban en contacto con el humo. Este proceso de preservación se podría
comparar con el
salado para preservar el alimento;
básicamente, se les quita la humedad a los alimentos y se les transfieren
sabores.
El ahumar el pescado puede que comenzara cuando los pescadores secaban sus capturas junto a una hoguera porque el sol, el viento y la sal no eran adecuados. Desde luego, muchos pescados ahumados, ahora familiares para nosotros, se originaron en las naciones frías del norte: el arenque ahumado de Alemania, Holanda y Gran Bretaña, el bacalao y el eglefino de Gran Bretaña, el esturión de Rusia, el salmón de Noruega, Escocia y Nueva Escocia (el origen del salmón Nova, Nova lox o Nova Scotia lox que se encuentra en las tiendas), y del bonito ahumado de Japón. Se descubrió que el humo imparte un sabor que puede enmascarar el olor a pescado rancio y ayuda a preservar el pescado y su sabor propio. Las numerosas sustancias químicas generadas al quemar la leña tienen propiedades antimicrobianas y antioxidantes. Los tratamientos tradicionales con humo eran extremos: en la Edad Media, el arenque rojo de Yarmouth (ciudad portuaria, y principalmente pesquera, situada en el golfo de Maine al sudoeste de Nueva Escocia, Canadá) se dejaba sin destripar, se saturaba de sal y después se ahumaba durante varias semanas, dejándolo capaz de conservarse todo un año, pero también tan oloroso que era proverbial el ocultar su rastro. Cuando el transporte por ferrocarril redujo el tiempo entre la producción y el mercado en el siglo XIX, las curaciones con sal y humo se hicieron mucho más suaves. Ahora, el contenido de sal se mantiene alrededor del 3% o menos, que equivale a la salinidad del agua del mar (según sitios, llega hasta el 7% ó más), y el ahumado ha quedado reducido a unas horas, para aportar sabor y prolongar la vida del pescado refrigerado en las tiendas unos días o semanas. Muchos pescados y mariscos ahumados modernos se conservan en latas, frascos, o envasados, en plásticos, al vacío.
En la actualidad, el pescado destinado al ahumadero se suele poner en remojo en salmuera fuerte durante unas horas o días, lo suficiente para que retengan algo de sal (un pequeño porcentaje, insuficiente para inhibir el deterioro microbiano). Esto, además, hace salir a la superficie algunas proteínas de las fibras musculares, en especial la miosina (proteína contráctil que tenemos también nosotros, por ejemplo, en las fibras miocárdicas del corazón). Cuando el pescado se cuelga a escurrir y secar, la capa pegajosa de miosina disuelta en la superficie forma un gel o película reluciente que da al pescado ahumado una atractiva pátina dorada. El color dorado se debe a la reacción entre los aldehídos del humo y los aminoácidos de la película, así como a la condensación de resinas oscuras de los vapores del humo.
El ahumamiento inicial (por lo general, se emplea serrín, que puede producir más humo a temperatura más baja que la leña intacta) tiene lugar a temperatura relativamente baja, alrededor de 30º Celsius, lo que evita que se endurezca la superficie y forma una barrera al movimiento de humedad desde el interior. Además, esto permite que la carne del pescado pierda algo de humedad y quede más densa sin necesidad de tener que cocerla, lo que desnaturalizaría el colágeno del tejido conjuntivo y haría que el pescado se deshiciera. Por último, el pescado se ahúma durante varias horas, pudiendo hacerse en dos gamas de temperatura. En el ahumado en frío, la temperatura se mantiene por debajo de 32º Celsius y el pescado conserva su delicada textura cruda. En el ahumado en caliente, el pescado se «cuece» en el aire a temperaturas que van subiendo gradualmente hasta acercarse al punto de ebullición: alcanza una temperatura interna de 65-75º Celsius bastante deprisa, y tiene una textura cohesiva, pero seca y escamosa. El pescado ahumado en frío y durante mucho tiempo, se puede conservar hasta un par de meses en el frigorífico, mientras que el ahumado ligero, en frío o en caliente, solo conserva el pescado durante unos días o semanas.
El salmón fino ahumado se puede tratar con sal y a veces con azúcar durante unas horas o unos días; después se escurre, se seca al aire y se ahúma en frío durante 5 a 36 horas, con la temperatura ascendiendo desde 30 a 40º Celsius para sacar algo de aceite brillante a la superficie.
La terminología que se emplea para designar al pescado ahumado en diversas zonas geográficas es la siguiente: Kippered Bering: arenque destripado y abierto, ahumado en frío; Bloater, bokking: arenque entero, ahumado en frío; Buckling: arenque entero, ahumado en caliente; Sild: arenque inmaduro entero, ahumado en caliente; Red herring: arenque destripado sin abrir, ahumado en frío; Brisling: espadín inmaduro, entero, ahumado en caliente; Finnan haddie: eglefino destripado y abierto, ahumado en frío (con turba); «Nova», salmón ahumado noruego o escocés: filetes de salmón ahumados en frío.
Cabracho, rascacio o escórpora.
En latín, el nombre de esta
especie es
Scorpaena scrofa. Pertenece al
orden
Scorpaeniformes, a la
familia
biológica
Scorpaenidae, al
género
Scorpaena.
Conocido por escorpena o rascacio (ver más adelante diferentes especies del género Scorpaena). En Cataluña se llama escórpora y en el mar Cantábrico cabracho, siendo también conocido en Asturias como tiñosu. En las Islas Baleares como cap roig (aunque en Ibiza se le denomina roja) y en Murcia como gallina. En la Comunidad Valenciana se conoce como gallineta y escorpa. En la zona de las Rías Baixas de Galicia se conoce como faneca (aunque la auténtica faneca es el Trisopterus luscus de la familia biológica Gadidae) y en las Rías Altas como escarapote. En el País Vasco se le conoce como krabarroka o itsaskabra (cabra de mar en castellano). En Canarias se le conoce como rascacio. También se le conoce como diablo de mar, pez escorpión y colorado.
Es un pescado blanco (el pescado blanco tiene su cola o aleta caudal en forma de 'abanico'; los pescados azules en forma de 'tijera') de agua salada. Es un mal nadador incapaz de mantenerse entre dos aguas, a causa de no contar con vejiga natatoria. Una de sus características principales, como del resto de los Escorpénidos, es la multitud de espinas venenosas que tiene distribuidas a lo largo de su cabeza y aletas. Durante el día permanecen aletargados en grietas rocosas, y por la noche salen de sus escondrijos para buscar comida, se quedan inmóviles y gracias a su camuflaje consiguen capturar pequeños peces y crustáceos. Su piel se cubre de algas y aproximadamente cada dos semanas realizan una muda de la misma.
El auténtico cabracho (Scorpaena scrofa)
tiene el cuerpo es robusto, alargado, cubierto de repliegues y espinas. Posee
una cola redondeada en forma de 'abanico'. Es de color rojo, pero a veces varía
entre el rosáceo y el rojo parduzco. Es capaz de cambiar su color cuando lo
desea. Tiene manchas pardas que se esparcen por las aletas y a veces presenta
una mancha negra bajo la aleta dorsal. Tiene un 'tentáculo' en la mandíbula
inferior y otro encima de la boca. El tamaño de
cabracho oscila entre lo 35 y 50 cm, y su peso oscila entre 1,5 y 3
Kg. Su talla mínima legal de pesca en
España
es de 18 cm.
El cabracho permanece casi siempre quieto y oculto en el fondo marino, entre los 20 y los 200 metros de profundidad, y se puede localizar tanto solo como en grupo. Los ejemplares jóvenes se sitúan más cerca de la costa que los adultos. El cabracho es propio de las aguas del Atlántico nororiental, desde las Islas Británicas hasta las costas del Senegal, y también abunda en las costas de las islas Canarias, Madeira y las Azores, así como en el mar Mediterráneo. Su temporada de pesca es entre los meses de octubre a marzo. El cabracho se alimenta de crustáceos, moluscos y diferentes especies de peces pequeños.
De hábitos
nocturnos, permanece inmóvil casi todo el día, efectuando sólo breves
desplazamientos, para posarse de nuevo en el fondo. Allí se camufla a la
perfección, destacando sólo sus ojos, como dos cristales mates, de una belleza
inusual. Una de sus características principales, así como del resto de la
familia de los
escorpénidos, es la multitud de espinas venenosas que tiene
distribuidas a lo largo de su cabeza y sus aletas. La única forma de manipularlo
con garantías es introduciendo el índice y el pulgar en su boca, los cuales
separaremos todo lo que den de sí dentro de sus fauces. Sus dientes son
minúsculos y, de hecho, apenas los necesita para cazar, pues su técnica pasa por
absorber a sus presas con un movimiento seco de los
opérculos. Para ello,
lógicamente, éstas deberán acercase mucho al cabracho, por lo que se pueden
entender sus dotes para el camuflaje. El cabracho pica a los
aparejos de fondo cebados con una gran variedad de carnadas, pero también a todo
tipo de señuelos que pasen los suficientemente despacio y cerca de su boca, como
para que pueda atacarlos.
Cuando son capturados levantan las espinas y parece que se inflen con la boca abierta, mostrando todas sus espinas venenosas. Las espinas son venenosas incluso cuando el pez ha muerto y se manipulan sin llevar cuidado. Sus espinas expulsan veneno cuando nos pinchamos con ellas, y en este caso conviene ir a un servicio médico de urgencias ya que nos producirá inmenso dolor y un ennegrecimiento o necrosis de la zona donde hemos recibido el pinchazo. El cabracho está considerado como uno de los peces más feos que existen, aunque a nosotros no nos lo parece.
Antes
hemos escrito que el cabracho es la
especie
Scorpaena scrofa. Pero dentro del
género
Scorpaena podemos describir 2 especies
más:
La Scorpaena porcus Linnaeus, 1758 que se le llama rascacio, cabracho de roca y tiñoso. Se caracteriza porque sus escamas son más largas que anchas y porque las espinas que posee en la cabeza están poco desarrolladas, a excepción de las dos que tiene sobre los ojos. Puede llegar a los 25 cm. Es un pez solitario que vive en el fondo, inactivo durante el día y cazando de noche góbidos, crustáceos y otros invertebrados. Habita hasta a 300 metros de profundidad. Es más oscuro que el cabracho. La boca es grande con dientes en ambas mandíbulas. Sus ojos son ovalados. Su color es muy variable, aunque suele ser pardo o negruzco con tintes rojizos y manchas claras. La aeta caudal tiene 3 bandas transversales oscuras y entre los radios 8º y 9º de la dorsal presentan una mancha oscura.
La Scorpaena notata que se le llama escórpora, cabriela, y pez escorpión. Normalmente no alcanza los 20 centímetros de longitud con un peso de 500 g, lo que le hace el pez más pequeño de su familia. Posee una cualidad muy curiosa y es que este pez es capaz de cambiar su color cuando lo desea. Además, su aspecto físico también llama la atención; cabeza muy espinosa y escamas muy ásperas al tacto. Vive en los fondos rocosos, escondido entre las piedras y la vegetación. Es de color marrón rosado a rojo. Su cabeza es muy espinosa y las escamas muy ásperas. Sus ojos son muy grandes, casi circulares. Se distribuye por todo el mar Mediterráneo, el mar Negro y el Atlántico oriental, desde el golfo de Vizcaya hasta Senegal, incluyendo Madeira, Azores y Canarias. Se encuentra en fondos rocosos entre 30 y 200 m aunque ocasionalmente se le puede hallar hasta a 700 metros, a menudo en cuevas. Puede vivir también en prados marinos litorales. Es un pez bentónico y cuando es molestado se desplaza rápido y a corta distancia y vuelve a quedarse quieto. Posee unos radios espinosos en la aleta dorsal que están conectados a glándulas venenosas que pueden provocar hinchazón, necrosis, dolor y fiebre.
Composición nutritiva de 100 gramos de cabracho, rascacio colorado, escórpora, etc., en general:
|
P.C. % |
Kcal. |
H. C. |
|||||||
| 50 | 45,7 | 9,5 | Cero | Cero | 0,85 | 0,20 | 0,15 | 0,25 | 17,5 |
|
4,5 |
0,20 |
1,5 |
13,0 |
0,050 |
10,0 |
30,0 |
203 |
89,0 |
0,020 |
|
0,035 |
1,7 |
0,0050 |
1,5 |
1,9 |
Cero |
Cero |
28,5 |
Cero |
Cero |
P.C.: Porción comestible en % de un alimento; H. C.: Hidratos de carbono; AGS: Ácidos Grasos Saturados; AGM: Ácidos Grasos Monoinsaturados; AGP: Ácidos Grasos Poliinsaturados; Ca: Calcio; Fe: Hierro; Mg: Magnesio; Zn: Zinc; Se: Selenio; Na: Sodio (sal); K: Potasio (sal); P: Fósforo.
El cabracho es un pescado semi-graso -su
carne contiene menos de 1 gramo de grasa por
100 gramos de porción comestible-. Está considerado como una buena fuente de
proteínas de alto valor biológico, y posee diferentes vitaminas y minerales.
Entre las vitaminas se encuentran las del grupo B (B1, B2, B3, B6), si bien su
contenido es poco relevante si se compara con otros alimentos ricos en estos
nutrientes como los cereales integrales, las
legumbres, las
verduras de hoja verde y las carnes
en general. La vitamina B12 es la única de las pertenecientes al grupo B que
destaca sobre el resto de pescados y se
asemeja a la cantidad contenida en alimentos ricos en esta vitamina como
carnes, huevos
y quesos. El
cabracho una buena cantidad de vitaminas A. En cuanto a los
minerales, destaca la presencia de potasio, fósforo y magnesio, si bien su
contenido es medio comparado con el resto de pescados.
El potasio es un mineral necesario para el buen funcionamiento del sistema
nervioso y la actividad muscular e interviene en el equilibrio de agua dentro y
fuera de la célula, mientras que el fósforo está presente en huesos y dientes,
actúa en el sistema nervioso y en la actividad muscular, y participa en procesos
de obtención de energía. El magnesio, por su parte, está relacionado con el
funcionamiento del intestino, los nervios y los músculos, y además forma parte
de huesos y dientes, mejora la inmunidad y posee un suave efecto laxante.
El cabracho posee una carne muy fácil de digerir y muy sabrosa, por lo que estaría recomendado de manera específica para los niños. Sin embargo, contiene muchas espinas que habrá que eliminar para que no lo rechacen y no exista riesgo de accidente. Se dispone de diferentes modos de prepararlo que pueden hacer que los niños lo coman sin ninguna preocupación. Por ejemplo, una sopa de pescado en la que se incluya cabracho desmigado, unas croquetas o incluso un pudding o pastel de cabracho pueden ser buenas opciones. También se puede emplear este pescado para acompañar a una receta de arroz o de pasta, platos que a los niños por lo general agradan, o elaborarlo a la plancha o asado (siempre sin espinas) acompañado de alimentos que llamen la atención de los más pequeños como unos tomatitos, unas gambas rebozadas, o unas verduras y hortalizas junto a una porción de pan para que ellos puedan elaborar su propia pizza casera. El cabracho es uno de los pescados que a menudo se asocian con una receta determinada. Es inevitable relacionarlo con el famoso pastel de cabracho, un plato tradicional de las cocinas asturiana, cántabra y vasca, promocionado por el cocinero vasco Juan María Arzak. Sin embargo, existen muchos otros modos de disfrutar de este peculiar pescado. En la cocina mediterránea, es típico prepararlo en guisos y sopa, mientras que en el norte de nuestro país es más frecuente asarlo al horno o a la brasa. Además, el cabracho es ingrediente imprescindible de algunas recetas de gran tradición tanto en España como en el extranjero. Este es el caso de la caldereta asturiana o de la popular sopa Bouillabaisse francesa.
El cabracho está considerado como uno de los
peces más feos que existen, aunque no
conviene dejarse engañar por las apariencias porque su
carne resulta exquisita. Además, las antiestéticas espinas que cubren
su cuerpo son su arma de defensa y a través de ellas puede expulsar veneno. El
cabracho posee una
carne con muchas espinas, por lo que es bastante común emplearlo en
la elaboración de sopas,
cremas, calderetas
y flanes o pasteles
de pescado. Merece la pena dedicar un rato a separar las espinas que
contiene porque su carne posee un sabor
exquisito, con un suave toque a marisco. Lo
más frecuente es prepararlo a la plancha o a la brasa y en cualquier caso es un
acierto acompañar al cabracho con unas
patatas panaderas con
ajos
fritos, modos muy sencillos de elaborarlo que permiten disfrutar con
plenitud de su sabor. Otro manera de cocinar el
cabracho es acompañado de una salsa de
pescado elaborada con vino blanco
ya que el sabor de esta bebida encaja a la perfección con la de este
pescado. De hecho, nada mejor que una copa
de vino blanco seco o de
cava
para acompañarlo.
Los franceses aprecian el cabracho, al que
llaman rascasse, pero sólo como
componente de las sopas de pescado.
Equivocadamente, el
Larousse Gastronomique dice de él que «no
tiene otros usos que la
bouillabaisse o sopas de pescado
similares». En eso, los italianos están de acuerdo con sus vecinos. Definen a
este pez como un pesce brutto que
debe utilizarse como ingrediente en todos los
brodettos o
caldos de pescado, pero que no tiene otras
aplicaciones. Entre nosotros, sin embargo, sin despreciar sus aportes sápidos a
los caldos de pez, se prepara de otras muchas maneras. En la prehistoria de la
Nueva Cocina Vasca, el chef
Juan Mari Arzak tuvo la feliz idea de hacer con él el famoso
pastel de kabrarroka.
Tenía la ventaja de aprovechar de una manera sabia sus cualidades gustativas,
evitando el trabajo de desespinarlo en el plato, que podía echar para atrás a
los comensales desacostumbrados a bregar con pescados.
Un pez con unos componentes sápidos tan singulares es adecuado a preparaciones
muy sencillas. Una cocción a punto en un
caldo corto es una de las formas más sabias de tratarlo. Servido
con una
salsa Mahonesa casera es un bocado que no
se puede olvidar fácilmente. Un horneado sencillo, con un poco de
cebolla
y unas gotas de
zumo de limón, le conviene también
perfectamente. Pero siempre es necesario estar seguros de que el
pez que cocinamos es un
cabracho de verdad y no una
gallineta, un pez
que resulta sabroso, pero cuyo valor es inferior. En el mercado también podemos
encontrar el famoso y delicioso
paté de cabracho de
Asturias, untado en
biscottes de pan tostado.
La bouillabaisse (del occitano provenzal bolh-abaissa donde bolh significa 'hervir' en nuestro idioma y abaissa se refiere a 'bajar el fuego' o 'cocer lentamente') se compone de una sopa de diversos pescados a veces servidos enteros. Es un plato francés tradicional de la provincia de Provenza y en particular de la ciudad de Marsella. Es muy similar a la caldeirada portuguesa. Es muy posible que el origen de esta sopa fuera una base procedente de un guiso realizado a partir de los pescados que permanecían en el fondo de la cesta de los pescadores. Según autores la sopa es de origen catalán cuya receta pasó los Pirineos ya en el siglo XIX, pero están muy equivocados porque esta sopa procede de la antigua Focea (ciudad griega de Asia Menor, actualmente en Turquía) y se inventó hace muchos siglos, siete en concreto antes de Cristo. La sopa se elabora a base de diferentes pescados de roca tales como: gobio, pataclé, la cola de congrio, morena, salmonetes, cangrejos, cigalas de mar, rape, cabracho, etc. No se suele incluir en su elaboración lubina, besugo o langosta. La sopa se sirve vertiéndola encima de pequeñas rebanadas de pan untadas con la salsa Rouille. Algunos añaden patatas cocidas a la sopa, convirtiéndola en un guiso.

El éxito de este plato típico marsellés depende esencialmente de la variedad de los pescados elegidos, del sabor del aceite de oliva, y de la calidad de la especias y condimentos elegidos, siendo fundamental el bulbo de hinojo y las hebras de azafrán. En muchos sitios agregan a esta sopa un poco de licor Pernod (marca de anís francés, siendo la más antigua del país, perteneciente a la empresa Pernod, filial del grupo también francés Pernod Ricard).
Ingredientes para 4 personas: 2 Kg de pescado variado: cabracho, pez de San Pedro, rape, dorada, rubio o bejel, pescadilla o merluza, y 1 pedazo de congrio; 1 cigala grande o 3 pequeñas; 2 cebollas blancas; 3 dientes de ajo; 2 puerros; 3 ramas de apio; 1 bulbo de hinojo; 3 tomates; 150 mL de aceite de oliva; 1 ramillete de hierbas aromáticas (compuesto por 1 hoja de laurel, 1 ramita de tomillo, 3 ramas de perejil 'fresco', 1 trozo de la parte verde de 1 puerro, y 1 ramita de apio); de 10 a 15 hebras de azafrán; algo de sal y de pimienta 'recién molida'; y, 500 mL de salsa Rouille (ver a continuación). Para los picatostes: 1 barra de pan; y, 1 diente de ajo.
Elaboración.
Pedir al pescadero que descabece, desbarbe, escame el pescado y lo vacíe de vísceras, y que quite, también, la piel del rape. Reservar todos los desperdicios (menos las tripas) incluidas las cabezas; dejar los pescados bañados en agua fría durante unos 15 minutos y aclararlos después. Trocear el congrio. Lavar las cigalas y todo el pescado con agua fría y, a continuación, secarlos con papel absorbente.
Pelar las cebollas y los dientes de ajo, y picarlo todo. Pelar los puerros, el apio y el bulbo de hinojo, cortándolos en trozos y rodajas. Calentar el aceite de oliva en una marmita al fuego y agregar todos los vegetales y hortalizas; salpimentar y añadir todas las cabezas y desperdicios del pescado, el ramillete de hierbas y la mitad de las hebras de azafrán; cubrir todo con agua, y cocer lentamente durante unos 20 minutos. Pasar el líquido por el colador chino presionando con el envés de un cucharón, para obtener un caldo en el que, a continuación, se cocerán el pescado y las cigalas.
Poner el caldo en cazuela al fuego, añadir el resto de hebras de azafrán, y cocer el pescado y las cigalas, sumergiéndolos en orden de tiempo de cocción: 20 minutos para 1 cigala grande, 10 minutos para las pequeñas, 8 minutos para el rape y el congrio, de 5 a 6 minutos para el cabracho, el rubio, la dorada y el pez de San Pedro, y 2 minutos para la pescadilla.
Preparar la salsa Rouille. Preparar los picatostes, cortando la barra de pan en rebanadas muy finas y tostarlas sobre la plancha caliente; cortar transversalmente el diente de ajo y frotarlo sobre los picatostes.
Disponer el pescado y las cigalas en una gran fuente caliente y verter el caldo de pescado colado en una sopera. Servir al momento acompañado de la salsa Rouille en salsera aparte, y una fuente con los picatostes frotados con ajo.
La
Rouille,
que en nuestro idioma significa 'herrumbre',
es una
salsa de la cocina de
Provenza
(Francia),
derivada de la
salsa Mahonesa. Contiene básicamente
aceite de oliva,
yema
de huevo,
miga de
pan o un trocito de
patata hervida,
ajo,
pimentón dulce
o picante y, a veces,
azafrán. El
pimentón y el
azafrán le confieren un color oxidado
similar a la herrumbre, y de ahí su nombre en francés. Se denomina, a veces,
salsa Mahonesa Provenzal. La
Rouille se sirve con la
sopa
Bullabesa
(sopa
de pescado) y, también, acompaña a platos de
pescado, de
mariscos y de
pulpo. La dificultad llega cuando se quiere
saber cómo se elabora la
Rouille original, pues cada
cocinero tiene su método e incluso diferentes ingredientes. Algunas de las
formas más comunes de describirla es: un
alioli
con
pimentón, un
alioli
con
azafrán, un
alioli
con
Harissa marroquí,
etc.
La
Harissa es una
salsa
picante, y constituye uno de los
ingredientes más comunes en la
gastronomía magrebí especialmente la de
Túnez, así como la
Gastronomía del Oriente Medio. Las recetas
varían, pero los ingredientes habituales son
pimientos
picantes rojos
(a menudo ahumados, lo que le proporciona un sabor característico),
ajo,
cilantro,
alcaravea, y
sal, los cuales se muelen y se mezclan con
aceite de oliva. Una vez preparada se deja
reposar durante un mínimo de doce horas. Es un salsa
picante que se usa en los países del
Magreb para acompañar al
cuscús u otros platos, generalmente
cárnicos. También la
Harissa es uno de los ingredientes importantes en la
preparación de distintos tipos de
bocadillos conocidos en
Túnez. La forma de comercializarla suele ser en
tubos de pasta.
Ingredientes para aproximadamente 250 mL: 8 dientes de ajo; 1 guindilla picante fresca; 2 yemas de huevo; 1 pellizco de hebras de azafrán; 250 mL de aceite de oliva; y, algo de sal y de pimienta 'recién molida'.
Elaboración.
Pelar y picar los dientes de ajo. Eliminar el pedúnculo y semillas de la guindilla, y picar un trozo de 2 cm de longitud. En un mortero, mezclar el picadito de ajo y guindilla, la pimienta, las hebras de azafrán y la yema de huevo; verter aceite de oliva muy despacio, a hilillos como si fuéramos ha hacer una salsa Mahonesa, e ir removiendo o batiendo hasta que la salsa adquiera consistencia espesa.
La Auténtica Bouillabaisse de don José Guardiola y Ortiz.
El abogado, político republicano, escritor gastronómico y costumbrista, el alicantino don José Guardiola y Ortiz, escribió en 1935 el libro 'Gastronomía Alicantina. Conduchos de Navidad' que pueden leer íntegramente en esta Web en un libro escrito por nosotros que se titula 'Alicante: Historia de una Amistad'. A continuación, les describimos su salsa Bouillabaisse.
OMO ya llevo dicho, en toda la costa del Mediodía de Francia, continúa haciéndose la famosa sopa griega, que, ahora, se denomina bouillabaisse. Desde cuando se le ha dado tal denominación es cosa que no he logrado averiguar; lo que sí parece, como veremos más adelante, es, que el nombre hace referencia al modo de guisar este plato.
Los marselleses no admiten como auténtica más que la bouillabaisse del espacio de costa entre Marsella y Tolón. Bien es verdad que son ellos lo que la han prestigiado y expandido su fama por el mundo entero.
Pero, es, que, a más de la exclusividad pretenden ser también los inventores del celebrado plato: Mery, excelente poeta marsellés ha dicho:
«Un
viernes de vigilia, la abadesa
De un convento de monjas marsellés
Creó la bouillabaisse».
(Plato que es un regalo en cualquier mesa),
añado, yo, porque es verdad, y para redondear la estrofa.
Téngase en cuenta para valorar la afirmación, que Mery merecía ser andaluz por el humor gracioso de que ha dado diversas muestras, como cuando dijo: «Si París tuviera una Cannabiére, París sería un pequeño Marsella».
El poema receta de Mery.
Mery escribió también, dedicado a la bouillabaisse, un poema receta, del que un tanto libremente, traduzco los siguientes fragmentos:
«Escuchad esto bien, los cocineros viejos
Que nos hacéis langosta con cangrejos,
Y obráis como novicios,
Siguiendo feos vicios
Al traducir, cual hacen Potel o de Chabot
Mi plato griego, en ragout de turbot.
La hora llegó al fin, y nuestra capital
Unirá a sus banquetes la gran mesa oriental,
Y un guiso marsellés servirá en restaurantes
Que no un plato embustero como se hacía antes.
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A este plato focense, acabado, perfecto,
Antes que todo, le pondréis, sin defecto,
Rascasa, que si es pez, con razón, poco apreciado
Para comerlo asado,
Puesto en la bouillabaisse al punto esparce
Tal fragancia, que bien puede jactarse
De lograr por si solo el mejor éxito.
La rascasa se nutre –de ahí viene su mérito-
En las sirtes quebradas;
En los golfos y riberas orladas
De mirtos y laureles
Y floridos vergeles,
O junto al roquedal, que en un altillo
Se corona con flores de tomillo.
...............................................................................................
Y después, los pescados que fuera de la rada
Buscan los arrecifes: el rojo salmonete, la dorada,
El pajel delicado, el saint-pierre oloroso,
Que, cazador cazado, escapa temeroso,
Seguido muy de cerca, por la voraz lubina,
De carne dura y fina.
En fin, la gallineta con sus ojos de boga,
Y otros, que ya olvidados por la ciencia ictióloga,
Son los finos pescados que Neptuno
Escoge cuidadoso, uno por uno,
Bajo el fuego de un cielo, azul, ardiente,
Siempre con tenedor, jamás con el tridente.»
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Entre París y Marsella.
En
el año 34, el expreso
París-Marsella,
hacía de noche el recorrido. En el coche-cama no pude conseguir, no
obstante
los medios persuasivos empleados y que otras veces obtuvieron éxito, ir solo,
pues no había ni una sola plaza vacante.
En el comedor se me designó sitio en una mesita ya ocupada por una joven alta, de fatigado aspecto, y cuyo hermoso y demacrado rostro y lánguidas maneras, evocaban la poética figura de Costanza, la romántica viajera del «Tren-expreso» campoamoriano, y como ella, también rubia, «y digna de ser morena y sevillana». Casi no probó bocado. Para contraste, en la mesa de la derecha, un hombrón de faz apoplética, rezumando gourmandisse por todos los poros, comió cuanto le sirvieron, pidió extras, apuró el Burdeos blanco y tinto, tomó café, duplicó el «doble» de coñac, encendió un habano «churchilesco»… y fuése.
Tardé en retirarme, pues no me seducía la idea de hallarme en la cabina con un desconocido. Y, efectivamente, cuando entré en ella sonaban estrepitosamente los ronquidos del ocupante de la litera superior. Tan luego se hizo de día me encontré con que mi vecino era el tragaldabas de la noche anterior; y como ya había podido apreciar sus aficiones, le espeté: -¿Dónde cree usted que podría tomar en Marsella la mejor bouillabaisse?
-¿Oh?- alzando los ojos con expresión inefable y prontamente, como si la
respuesta no pudiera ser otra: - ¡A La Cascade!
Me invitó que le acompañara a Tolón, pues allí –decía- la bouillabaisse era superior a la de Marsella; y, extremando su amabilidad, dióme una tarjeta respaldada para el patrón de La Cascade.
En este restaurante pude observar se le tenía en gran consideración, pues apenas
sentado a la mesa para tomar un aperitivo, habiendo pasado la tarjeta, al
acercarse una pizpireta camarera para que eligiera, como hacía con los demás, de
entre los
mariscos y
pescados que llevaba en una gran
bandeja, los que quisiera para la bouillabaisse,
vino pronto el dueño, mandándola retirar, pues, dijo, que ya lo había hecho por
mi el cocinero, al que me presentó seguidamente.
En mi ya larga vida de amateur jamás habíame encontrado con un cocinero tan bien dispuesto a satisfacer mi insaciable curiosidad. Quizá ello fuera debido al deseo de complacer a mi recomendante o a mi calidad de extranjero; lo cierto es, que con generosa espontaneidad no tuvo reparo en hacer todas las operaciones en mi presencia, y aún en revelarme los pequeños secretos que tan celosamente guardan los cocineros, temerosos de la divulgación que de ellos pueda hacerse entre lo competidores.
Aunque, desde muchos años antes, había ya comido y aun confeccionado la bouillabaisse, he de reconocer que la que entonces tuvo el cocinero la cortesía de hacer, personalmente, para mí, era superior a todas las anteriores.
La verdadera receta.
Y, he aquí, cómo una dichosa casualidad, me depara la ocasión de ofrecer a mis lectores la verdadera receta de este plato, tomada de visu en su propia sede.
Aunque generalmente las recetas que van insertadas en este libro son para seis
porciones, ésta lo es para diez, pues así en aquel, como en los demás grandes
restaurantes, se fijan para la más rápida multiplicación.
COMPONENTES DE LA BOUILLABAISSE.- Las mismas clases de pescado señaladas para el arroz abanda, pero con la proscripción del empleo de mejillones, almejas y fiélas, nombre con que en la Provenza se designa al congrio; y con la recomendación de preferir entre los crustáceos las langostas pequeñas. De todo, alrededor de 3 kilos, en limpio.
MÉTODO A SEGUIR.- También allí, como aquí para el arroz abanda, se prepara con antelación un caldo con morralla, las cabezas de los crustáceos y pescados, y las partes inferiores de los mismos.
En una cacerola se ponen 200 gramos de cebolla menudamente picada; 3 tomates, limpios de piel y simientes, hechos pasta en el mortero; 50 gramos de ajo picado; una ramita de hinojo y tres de perejil, machacado; una ramita de tomillo, una hoja de laurel y un poco de corteza seca de naranja.
Sobre esto, los crustáceos y pescados de carne firme, que se rocían con dos decilitros de aceite fino y uno de vino blanco, seco, sazonando con sal, pimienta molida y una buena pulgarada de azafrán, añadiendo caldo preparado, pasado como ya dijimos en la página 159, y en cantidad suficiente para que los pescados queden bien cubiertos.
Entonces se hace marchar a fuego vivo, con la cacerola tapada, manteniendo viva
la ebullición durante siete minutos transcurridos los cuales se añaden los
pescados de carnes
tiernas, tales como
merluza y
salmonetes y se acaba de cocer a fuego más moderado. En
total no deben emplearse más que de 16 a 19 minutos. Tres antes de dar por
terminada la cocción, se prueba el caldo,
que ha de hallarse en su punto de salsas,
suculento, dorado, limpio, y perfectamente ligado, añadiendo entonces una
cucharada de perejil, groseramente picado y
una pizca de ajo finamente rallado.
Levantando de nuevo el hervor, se aparta del fuego la cacerola y se rocía su
contenido con una copita de
Pernod.
Se dispone el pescado en una fuente, y, en otra, honda, un par de docenas de cortaditas de pan blanco, de un centímetro de gruesas y simplemente secadas, no tostadas, al horno. En Marsella se empleaba entonces un pan apropiado denominado marette, que se empleaba tal como lo servía la panadería. Sobre el pan se vierte el caldo y se polvorea la sopa con perejil picado.
La casi totalidad de los libros franceses de cocina muestran singular empeño en
prescribir que la cocción se ha de efectuar en los dos tiempos, de manera
pronta, con ebullición fuerte, violenta; parece que están muy lejos de compartir
los cocineros, pues a ello se oponen dos razones: la una, de índole etimológica,
pues, precisamente el plato toma su denominación de la manera de hacerlo,
Bouille-abaisse, bulle-abate, hierve-rebaja, en el sentido de que el hervor
ha de abatirse, rebajarse, reducirse; la otra, práctica, pues si en el segundo
tiempo, puestos ya los pescados de
carne tierna como la
merluza y el salmonete,
continuara la ebullición, fuerte, viva, tumultuosa, estos
pescados se
desharían.
La bouillabaisse se hace no sólo en la costa mediterránea de Francia y España, sino en la de Atlántico y hasta en América.
En París, en un gran restaurante, fuí obsequiado con una bouillabaisse, especialidad de la casa; pero una bouillabaisse estilizada: se le había disminuido el ajo y el azafrán, y adicionado yemas de huevo batidas. Para mi gusto, lo que le faltaba de «tipismo», lo suplía en exquisitez.
Bueno será advertir, no obstante, que con esta rica sopa parisina, no se podrán lograr los fines para los que Venus creara la suya.
La
caldereta asturiana o
caldereta de
pescado y
marisco es un plato típico de la
gastronomía asturiana. No tiene una
fórmula
fija para su preparación ya que sus ingredientes y elaboración pueden variar de
una zona a otra de la costa asturiana. La caldereta
asturiana, en sus múltiples maneras de ser preparada, se compone
invariablemente de pescados de roca y otros
pescados de carne
dura, como podrían ser el tiñosu (cabracho),
el
salmonete, el
mero, etc. En cuanto a los
mariscos, los más típicos son los
langostinos, las
gambas o las
cigalas, aunque también pueden emplearse
centollos,
mejillones,
llámpares (lapas)
o incluso
calamares. Es común la adición de
hortalizas como los
pimientos,
tomates y
cebollas, así como de
zumo de
limón,
vino blanco seco o
cava. Completan la lista de los ingredientes el
aceite de oliva,
perejil 'fresco', algo de
sal
y
ajo.
Ingredientes
para 6 personas: 300 g de
salmonetes de roca; 300 g de
mero;
300 g de
rape;
300 g de
rubio;
300 g de
pescado de roca
(cabracho,
pez araña, etc.);
2
bogavantes europeos o 2
langostas de mar europeas de tamaño mediano; 1 Kg de
nécoras; 1 Kg de
cigalas medianas; 2
cebollas blancas; 250
mL
de
salsa madre de Tomate; 1 botella de
sidra
natural
asturiana; y, algo de
sal y de
pimienta 'recién molida'.
Elaboración.
Pedir al pescadero que descabece, desbarbe, escame y vacíe el pescado de vísceras, y que le quite la piel al rape. Lavar el pescado con agua fría y secarlo con papel absorbente. Sumergir los crustáceos durante unos segundos en una cacerola, al fuego, con agua hirviendo; cortar los bogavantes o langostas y cigalas longitudinalmente en 2 mitades.
Pelar las cebollas y picarlas finamente; poner este picadillo en una cazuela honda o marmita, y añadir (en este orden) las nécoras, los trozos de langosta o bogavante, el rape, el mero, el rubio, el pescado de roca, los salmonetes y las cigalas; verterle la salsa de tomate, salpimentar, cubrir con la sidra, y hervir al fuego con la marmita tapada durante 25 a 30 minutos. Servir caliente en cazuelitas de barro.

Ingredientes
para 4 personas: 1 litro de
fumet de pescado;
1
cabracho de 500 a 600 g; 1
rubio
de 600 g; 4 dientes de
ajo;
200 mL
de
aceite de oliva; 4
patatas nuevas; 4
tomates maduros; 1
cebolla blanca; 1 vaso de
vino blanco seco; 3 granos de
anís estrellado; 3 ramitas de
perejil 'fresco'; 1 cucharada sopera
de
pimentón
rojo dulce y ahumado (de la
Región de Murcia o de la
Comarca de la Vera en la
provincia de Cáceres);
y algo de sal y de
pimienta 'recién molida'.
Elaboración.
Pedir al pescadero que descabece, desbarbe, escame, vacíe el pescado de vísceras, y lo corte en trozos de 4 cm. Preparar el fumet de pescado, pasarlo por el colador chino, y dejarlo enfriar. Lavar los trozos de pescado con agua fría y secarlos con papel absorbente. Pelar los dientes de ajo y picarlos finamente. En sartén, al fuego, con 100 mL de aceite de oliva caliente, rehogar el picadillo de ajo y reservarlo.
Lavar y picar el perejil. Pelar las patatas, lavarlas y cortarlas en pequeños dados. Lavar los tomates y cortarlos en pequeños trozos. Pelar la cebolla, cortarla finamente, y rehogarla, en marmita al fuego, con el resto del aceite de oliva, junto con los trozos de tomate; regar con el vino blanco y cocer hasta que el volumen del líquido se haya reducido a la mitad; añadir los dados de patata y cocerlos durante 5 minutos; verter el fumet de pescado en la preparación y cocer a fuego lento durante 15 minutos; a mitad de cocción añadir los granos de anís estrellado, el picadillo de ajo rehogado con su aceite y el perejil picado; sumergir los trozos de pescado, salpimentar, espolvorear con el pimentón, y cocer a fuego lento durante unos 10 minutos. Servir caliente.
Filetes de Cabracho con Frutos Secos y Zumos Cítricos.
Ingredientes para 4 personas: 4 filetes grandes de cabracho sin piel ni espinas; 100 mL de fumet de pescado; 30 g (2 cucharadas soperas) de pasas de Corinto; 4 dátiles ó 4 ciruelas pasas; 1 limón; 1 naranja; 120 g de harina; 3 cucharadas soperas de aceite de oliva; 60 g (4 cucharadas soperas) de mantequilla; 30 g (2 cucharadas soperas) de piñones; 30 g (2 cucharadas soperas) de almendras laminadas; 60 mL (4 cucharadas soperas) de vino blanco seco; 2 cucharadas soperas de perejil 'fresco y picado'; y, algo de sal y de pimienta 'recién molida'.
Elaboración.
Lavar los filetes de cabracho con agua fría y secarlos con papel absorbente. Preparar el fumet de pescado, pasarlo por el colador chino y dejarlo enfriar. Bañar en agua tibia las pasas de Corinto durante unos 15 minutos. Deshuesar los dátiles (o las ciruelas pasas). Exprimir el limón y la naranja y reservar sus zumos. Verter 100 g de harina en un plato hondo, y enharinar los filetes de cabracho, sacudiéndolos ligeramente en un colador para que suelten el exceso de harina. En una amplia sartén, al fuego, con aceite de oliva caliente, dorar los filetes enharinados de cabracho durante 2 minutos por cada lado; retirarlos con una espátula y mantenerlos calientes en una fuente colocada sobre un cazo con agua hirviendo.
Preparar la salsa: En una amplia sartén, al fuego, fundir la mantequilla, incorporar los frutos secos y las pasas y dátiles, junto con los 20 g de harina restantes y mezclar; cocer a fuego medio durante 2 minutos; regar con el vino blanco seco y el fumet de pescado, y verter el zumo de limón y de naranja colados; cocer a fuego medio durante 2 minutos; probar y ajustar el punto de sal y pimienta. Espolvorear con perejil picado, verter la salsa sobre los filetes de cabracho, y servir al momento.

"El
cuscús
o marmaón, llamado antiguamente
alcuzcuz (del
árabe kuskūs, con adición del artículo
al- en el segundo caso), es un plato tradicional de
Marruecos y
Argelia hecho a base de
sémola de
trigo (en la antigüedad estaba hecho de
pequeñas migas de pan). Su nombre en árabe —كسكس
kuskus, كوسكوس kūskūs, كسكوس kuskūs o كسكوسو kuskūsū, también llamado en algunas
zonas: al-ta'am الطعام, que en este idioma significa 'la comida', ya que
se le podría considerar como el plato principal en muchos de los pueblos del
norte de
África, y en algunas familias lo cocinan diariamente, y entre otras
variantes— procede del
tamazight seksū, denominación también
usada en árabe.
El cuscús es un
alimento que consiste en granos de
sémola de trigo
de tamaño medio de un milímetro de diámetro (tras el cocinado). Una de las
primeras referencias al cuscús procede de un
escrito anónimo del
siglo XIII sobre cocina, Kitāb al-taṭbīj fī
l-Magrib wa-l-Andalus (Libro de la cocina en el Mágreb y Al-Ándalus)
en el que se menciona una receta para preparar el
cuscús. El cuscús fue un plato
muy apreciado en
Al-Ándalus y entre la población
morisca durante los siglos
posteriores,
como lo muestra el hecho de que en castellano antiguo exista una denominación
para este plato: alcuzcuz. En el
Quijote se menciona indirectamente, cuando,
en el capítulo 9 de la Primera Parte, el narrador contrata a un morisco para
traducir del árabe unos manuscritos sobre don Quijote a cambio de «dos
arrobas de pasas y dos fanegas de
trigo».
Francisco Rico, en su edición de la novela,
comenta a propósito de este pasaje: «Con las pasas
y la sémola del trigo se preparaba el
alcuzcuz, plato muy apreciado por los moros».
Una de las referencias más tempranas al cuscús
en el norte de
Europa está en
Bretaña en una especie de carta fechada en el
12 de enero de
1699. Siendo anterior una aparición en un texto de
Provenza en el que describe un viajero
denominado
Jean Jacques Bouchard cómo se come un alimento
similar al cuscús en
Toulon en el año
1630.
El cuscús se hace tradicionalmente con sémola de la parte dura del trigo molida de tal forma que no se ha llegado a convertir en harina; este proceso de molienda se puede hacer con otras especies cereales tales como: cebada, mijo, polenta, arroz o de los granos de maíz. La sémola de trigo se cocina en una cuscusera especial que, como las vaporeras, tiene un recipiente colador por encima de la cazuela. En la parte de abajo se prepara un caldo de estofado de carne o de pescado, con verduras y hortalizas, de la que el cuscús es guarnición e ingrediente principal. Al final, tras varias horas de vaporización, removiendo con las manos, soltando el grano y rectificando lo necesario, se consigue una guarnición suelta, vaporosa y desbordante de aroma. Dependiendo del país, el cuscús se prepara de una forma u otra. Normalmente, se hace para acompañar platos de cordero, pollo (típico de Marruecos) o pescados y verduras y hortalizas. Hoy en día, no puede faltar el cuscús en la gastronomía del norte de África. Y se ha convertido en un plato de indiscutible importancia en: Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Egipto, y en Europa; también se come en Sicilia y especialmente en Francia y España"... De la 'Enciclopedia Wikipedia', modificado por nosotros.
Ingredientes
para 6 personas: 1 Kg de
cuscús
(sémola
de trigo de grano fino o medio);
2,5 litros
de
fumet de pescado;
1 cola de
rape
de 600 g; 500 g de filetes de
mero;
2
cabrachos de 400 g cada uno; 4
zanahorias naranjas; 6
nabos;
4
calabacines; 1
pimiento rojo; 200 g de
habitas
verdes tiernas; 400 g de
garbanzos cocidos; 1 ramillete de
perejil 'fresco'; 1 ramillete de
cilantro 'fresco'; 10 g de raíz de
jengibre 'fresca'; de 10 a 15 hebras
de
azafrán; 100 g de
pasas de Corinto; 6 cucharadas soperas de
aceite de oliva; y, algo de
sal y de
pimienta 'recién molida'.
Elaboración.
Preparar el fumet de pescado, pasarlo por el colador chino y dejarlo enfriar. Pedir al pescadero que desbarbe la cola de rape, le quite la piel y la corte en rodajas conservando el espinazo o hueso central; que desbarbe, escame, vacíe de vísceras los cabrachos y les quite sus agallas; que corte el filete de mero en rodajas. Lavar todo el pescado con agua fría y secarlo con papel absorbente. Pelar las zanahorias naranjas y los nabos. Cortar y desechar los extremos de los calabacines y cortarlos en grandes rodajas. Partir el pimiento en dos mitades longitudinales y eliminar su pedúnculo, las semillas y filamentos blancos de su interior; cortarlos a tiras. Lavar todas la verduras y hortalizas. Sumergir las habitas verdes tiernas en agua salada hirviente durante 3 a 4 minutos, escurrirlas y reservarlas. Escurrir los garbanzos si son precocinados en conserva. Lavar el perejil y el cilantro, y picarlos finamente. Pelar y rallar la raíz de jengibre.
Verter el fumet de pescado enfriado
en una olla al fuego, llevar a ebullición y agregar todas las
especias y hierbas
aromáticas (azafrán,
jengibre, perejil
y cilantro);
sumergir las verduras y
hortalizas unas tras otras, en función de su
tiempo de cocción: 20 minutos para el pimiento,
15 minutos para las zanahorias y los
nabos, 10 minutos
para
los calabacines, y 5 minutos para las
habitas; en el último momento, sumergir los
garbanzos. Retirar todas
verduras y
hortalizas con una espumadera y mantenerlas calientes en una fuente
colocada sobre un cazo con agua hirviendo.
Poner a hervir, de nuevo, el caldo, y
sumergir en él los pescados, cociéndolos a
fuego muy lento, durante unos 5 minutos. Verter 100 mL del
caldo en un cuenco, dejándolo entibiar, y sumergir las
uvas pasas en él durante unos 15 minutos.
Retirar del caldo los
pescados con una espumadera y mantenerlos calientes en la fuente
de las hortalizas y
verduras.
Probar el caldo y ajustar el punto de sal y de pimienta, taparlo y mantenerlo caliente a fuego lento. Verter los granos de cuscús en una fuente honda; regarlo con 1 litro de agua ligeramente salada y añadirle 4 cucharadas soperas de aceite de oliva; dejar que el grano absorba todo el líquido durante 1 a 2 minutos; remover y airear con las púas de un tenedor. Verter el agua en la parte inferior de una vaporera o cuscusera y llevar a ebullición; volcar los granos de cuscús en el recipiente o compartimento perforado o con agujeros y colocarlo ajustándolo sobre el recipiente inferior; tapar y cocer durante 15 minutos. Retirar del fuego el cuscús y ponerlo en una fuente caliente; agregarle 2 cucharadas soperas de aceite de oliva e ir mezclando con suavidad y con un tenedor de modo que el grano vaya quedando muy suelto; añadir las pasas escurridas y mezclar todo de nuevo.
Verter el caldo en una sopera caliente. Presentar las verduras, hortalizas y pescados en su fuente. Servir al momento los granos de cuscús en platos hondos bien calientes. El comensal deberá ir mezclando todos los ingredientes en su plato.
El
arroz
a banda (en
valenciano, arròs a banda) es un plato
de
arroz típico de la zona costera de la
Provincia de Alicante (Comunidad
Valenciana) y
Murcia, extendiéndose su popularidad hasta el
Garraf,
Barcelona (Cataluña). Se trata de un típico
arroz mediterráneo, donde de un plato se
sacan dos. Muy propio de pescadores, se hacía un caldo
o fondo de pescado, normalmente
morralla (pescado
de roca con bastantes espinas, poca
molla y fuerte sabor a mar),
ñora y
all i oli;
con ese caldo se cocina primero un
arroz separado (a banda) del
pescado, y en segundo lugar se cocina un
guiso con ese caldo en el que flota el
all i oli,
patata cocida y el pescado
desmenuzado y sin espinas. Se conoce como caldero
en algunos lugares como
Tabarca,
Santa Pola,
Torrevieja,
Águilas,
Mazarrón o
Ibiza. Es costumbre que este
arroz se sirva con un
condimento denominado
salmorreta y con
allioli. Básicamente, la receta consiste en cocer el
arroz en un
caldo de
pescado barato y con muchas espinas llamado
morralla que en el
mercado apenas tenía valor y constituía el
sustento de los pescadores pobres que reservaban las mejores piezas para la
venta. En ese
caldo
de morralla, con un
sofrito de
ajo,
ñora y cabezas,
aletas y colas
de
pescado, se cuecen
patatas y, tras cocerse, se sirven en plato sopero. A este
guiso se le llama
caldero marinero, y se sirve acompañado del
all i oli o
ajo-aceite. La segunda parte consiste en que con el resto de
fondo de pescado al que se le añadió el
sofrito se puede cocinar, además, un
arroz en
paella sin otro aditivo. Ese
arroz se come aparte o separado del
guiso de pescado:
arròs a banda, aparte o separado. Es una
auténtica receta de pescadores, que se las ingeniaban de esta forma para sacar
dos platos de uno. El all i oli o
ajo-aceite es fundamental en estos
platos y proporcionaba a las gentes humildes del mar, calorías que no podían
obtener de otra forma y, además, el 'sudor' que proporciona esta sencilla
salsa sirve para enfrentarse a las
inclemencias del mar, amén de las propiedades antibióticas del
ajo.
Pero hay otra teoría sobre el origen del nombre arròs a banda. Este arroz separado o a banda del guiso de pescado se cocinaba en un caldero colgado de una cadena que estaba sujeta a trípode de metal. Este trípode era móvil y se instalaba en la banda del barco de babor o de estribor, siempre en la banda contraria donde los marineros pescadores faenaban con las artes de pesca. Las bandas del barco, de estribor y babor, están situadas entre las amuras y aletas de babor y estribor. El cocinero hacia el arroz y el guiso de pescado en un caldero en la banda del barco.
Ingredientes para 6 personas: 500 g de arroz categoría extra; 2 litros de fumet de pescado; 50 mL de salsa allioli; 1 cola de rape de 600 g; 2 cabrachos de 400 g cada uno; 400 g de filetes de mero; 400 g de sepia limpia; 6 patatas nuevas; 2 tomates maduros; 6 cebollas blancas; 2 dientes de ajo; 200 mL de aceite de oliva; 2 cucharaditas de pimentón rojo dulce y ahumado (de la Región de Murcia o de la Comarca de La Vera, en la provincia de Cáceres); de 10 a 15 hebras de azafrán; y, algo de sal.
Elaboración.
Preparar
el fumet de pescado, pasarlo por el
colador chino y dejarlo enfriar. Pedir al pescadero que desbarbe la
cola de rape y le quite la piel; y que
desbarbe, escame y vacíe de vísceras los
cabrachos. Lavar el
pescado y la sepia con
agua fría y secarlos con papel absorbente.
Pelar las patatas, lavarlas y cortarlas en
rodajas. Lavar los tomates y cortarlos a
trozos. Pelar y cortar las cebollas y los
dientes de ajo.
En una cazuela grande, al fuego, calentar 100 mL de aceite de oliva, incorporar las cebollas, la mitad de los trozos de tomate, 1 cucharadita de pimentón y las rodajas de patata; regar con 2 litros de fumet de pescado, hervir y cocer a fuego medio durante 20 minutos; retirar las patatas y mantenerlas calientes en una fuente colocada sobre un cazo con agua hirviendo.
Reducir la intensidad del fuego, echar el pescado en la cacerola y cocer durante 5 minutos a fuego muy lento; apartar la cacerola del fuego, retirar el pescado con una espumadera y reservarlo junto con las patatas. Pasar el fumet de pescado por el colador chino.
En una paella de 30 cm de diámetro, al fuego, calentar el aceite de oliva restante, agregar el resto de trozos de tomate, algo de sal, el ajo pelado y cortado, las tiras de sepia, el resto del pimentón y las hebras de azafrán; agregar el arroz y sofreírlo removiendo y esparciéndolo por el fondo de la paella; añadir 1 litro de fumet de pescado hirviente; remover y cocer durante 17 minutos hasta que el arroz quede más bien seco. Preparar el allioli y reservarlo en el frigorífico. Servir los pescados acompañados de las rodajas de patatas, y el arroz aparte, con la salsa allioli en una salsera.
Ingredientes para 4 personas: 1 litro de caldo corto para pescado; 800 g de filetes de cabracho; 250 mL de salsa madre de Tomate; 250 mL de salsa Mahonesa; 50 g de mantequilla; 50 g de pan rallado; 6 huevos frescos; 250 mL de crema de leche; y, algo de sal y de pimienta 'recién molida'.
Elaboración.
Pedir al pescadero que quite la piel a los filetes de cabracho. Preparar el caldo corto y dejarlo enfriar. Lavar los filetes de cabracho con agua fría y secarlos con papel absorbente. Sumergir los filetes de cabracho en el caldo corto y llevar a ebullición; cocer, a fuego muy lento, durante unos 3 minutos; con una espumadera, retirar los filetes de cabracho y dejarlos entibiar; quitar con unas pinza adecuadas las espinas que le pudieran quedar; colocar los filetes de cabracho en un cuenco y picarlos finamente.
Precalentar el horno a 200º Celsius. Con un pincel de silicona, untar de mantequilla (reblandecida a temperatura ambiente) el interior de una terrina y, a continuación, espolvorearla con pan rallado. En un amplio cuenco, batir 3 huevos frescos y las yemas de los otros 3 huevos, incorporar la carne picada de cabracho, la crema de leche, la salsa de tomate, salpimentar y remover. En otro cuenco, echar las claras de huevo restantes y batirlas a punto de nieve; incorporarlas, poco a poco, a la preparación descrita anteriormente; remover y verter la mezcla en la terrina. Poner la terrina dentro de otro recipiente más amplio con agua: al baño de María, tapar con una hoja de papel de aluminio, introducir en el horno y cocer durante 40 a 50 minutos. Entre tanto, preparar la salsa Mahonesa y reservarla en el frigorífico.
Sacar la terrina del horno y dejarla enfriar. Desmoldarla, cortar en rodajas el pan de cabracho. Servir al momento en un plato, acompañado con la salsa Mahonesa en salsera aparte.
Nota.- Batir o montar claras a punto de nieve no es una tarea difícil, pero no siempre el resultado es el esperado. Lo suyo es lograr que quede esponjosa y firme, y estos truquillos unidos a un poco de maña nos ayudarán a conseguirlo. Para empezar, y aunque sorprenda, es preferible que los huevos no sean recién puestos, pero si no hay otra opción, sería conveniente separar las claras de las yemas el día anterior y guardarlas en la nevera bien tapadas con film transparente. El recipiente es parte importante en la elaboración, es muy conveniente que esté bien limpio y que no tenga ningún rastro de grasa, pues ésta le impediría subir bien. En cuanto a las varillas, se pueden utilizar tanto las manuales como las eléctricas, pero si se utilizan las eléctricas, favorecerá el resultado si primero las batimos con el tenedor hasta que estén ligeramente esponjosas. Para montar las claras se debe hacer un movimiento circular de abajo hacia arriba para incorporar el máximo de aire que se pueda, no debiéndose realizar movimientos horizontales. Uno de los secretos para que las claras queden bien firmes y esponjosas es batirlas con un pellizquito de sal, que se deberá incorporar en este momento. Si las claras montadas son para incorporar a una preparación, se debe realizar despacio, con una espátula y removiendo, de abajo a arriba, lo justo para que se incorpore. Si son para un postre, el azúcar se deberá agregar después del pellizco de sal, una vez que hayan subido considerablemente y, después, seguir batiendo hasta que estén del todo firmes.
Fin.